No es lo mismo depravarse que ser conducido a lo depravado por otro. Aquello de yo no soy mala, me dibujaron así.
Es similar, la depravación inducida, obligada, carece del agravante de la voluntariedad, aunque se posea el impulso.
Claro que si uno es honesto, tarde o temprano agarrará las riendas de su corrupción, asumiendo su pecado original mientras asimila su condición.
Cuando a veces me preguntan como se conoce a los buenos, suelo pensar en esa coherente honestidad con uno mismo.
Algo tan dificil de hallar. Por eso, en realidad, somos tan pocos.
¡Qué se le va a hacer!