Que mi pensamiento pertenece cada vez más a otra época es algo
innegable. Cada día, cuando observo los usos y costumbres que se van
imponiendo en la actualidad, me veo esencialmente más fuera de la
corriente principal.
Antes renegaba de ello, y procuraba obviar o participar los justo de
la parte social del ámbito cercano que no podía escoger (la que viene
asociada a la actividad laboral, los compromisos de terceros o en
general cualquier actividad en la que me viera inmerso como espectador
circunstancial). Ahora, directamente, me da absolutamente igual.
Esto nunca me ha causado molestia alguna, pues desde ya la
adolescencia fui consciente que mi forma de valorar, apreciar y evaluar
no seguía unos parámetros habituales, y estaba fuera de lo normal. Como
tampoco he sentido nunca la necesidad de verme como alguien normal ni de
ser apreciado por mis cualidades sociales, asumí con naturalidad esa
peculiaridad de mi carácter.
Con todo, no deja de sorprenderme hoy en día esa enfermiza necesidad
de aceptación gremial que parece envolver a todo el mundo, incluso en
aspectos de la personalidad, el carácter y el gusto que, bajo mi punto
de vista, son esencialmente privados.
Sí, lo percibo como una enfermedad, una suerte de narcisismo
exhibicionista y autoritario que pretende la aceptación de los otros de
lo que yo soy o pueda llegar a ser. Entiendo que se pueda demandar
tolerancia, pero ¿aceptación? ¿empatía? ¿reconocimiento? ¿incluso gusto
por ello? No lo concibo.
Toda esta introducción viene al hilo de una de esas "verdades
fundamentales" del sadomasoquismo actual, en concreto aquello que trata
acerca de encontrar el sitio, saberse parte de algo que otras personas
comparten, en definitiva, obtener la certeza de que no se es el único
que siente determinados deseos e impulsos, y obtiene placer cuando llega
a alcanzarlos.
Me sorprende la necesidad de saberse parte de algo más allá de uno
mismo. De buscar cierta normalidad, e incluso aceptación, procedente del
exterior. Por supuesto, el proceso para asimilarse y encontrar un
espacio ajeno a las pautas elementales más convencionales que se le
supone a una persona normal requiere un ejercicio de afirmación que no
es sencillo. Pero es algo absolutamente personal. No por que te lo
digan, o te lo cuenten, o te hagan sentirte "uno de los nuestros". Si no
como resultado de un proceso individual que te permita ubicarte dentro
de un espacio en el que tiene difícil encaje.
Así lo he visto siempre, y lo sigo viendo. Y antaño, era lo más
habitual en las personas con las que me iba cruzando en el camino. Sin
embargo, cada vez somos menos así, capaces de asumirse individualmente
con una visión interior afrontando las dificultades de encajar un
carácter en un ámbito que no está creado para él.
Los universos privados, me temo, son unos espacios en serio peligro de extinción. Qué pena ¿verdad?