Que
el mundo de placeres perversos que tanto me satisfacen está cada vez más
contaminado es algo innegable. No me tengo por un individuo muy
experimentado, pero sí con el suficiente bagaje como para haber podido
apreciar de primera mano esa degradación, que avanza paulatina, de
manera constante y me temo que a corto plazo, imparable.
El absurdo voluntarista de que basta con querer, desear o creer
sentir algo para poder ser trajo y trae un aluvión de incapaces, que
para poder estar, entre otras cosas, provocan una modificación de las
características, capacidad y reglas imprescindibles para que puedan
tomar parte sectores de la población que no están ni llamados ni dotados
para ello. Ojo, no digo que no tengan derecho a buscar su espacio. Pero
no a costa de destruir otros espacios existentes a los que no tienen
capacidad para acceder.
Una de las características más prostituidas es el de asimilar el tipo
de relación, atracción y desarrollo de las mismas a las pautas comunes
de las relaciones clásicas de enamoramiento, conquista y cortejo.
De nuevo, no digo con esto que no existan unas pautas similares al
afrontar una relación sadomasoquista, pero revisando todas las que
emprendí en todos estos años, y se cuentan por decenas, me di cuenta que
en ninguna de ellas hubo seducción, cortejo, enamoramiento, y ni
siquiera conquista, como elementos fundamentales de la atracción que nos
llevó a estar juntos, ya fuera una hora o un lustro. Eso no quita que
hubiera atención, dedicación, cuidado, química, hacer ver o mostrarse
para ser visto y, por supuesto, complicidad, pero nunca nació nada de
una labor perseverante de asedio continuado a pico y pala. Es más, las
que tomaron ese camino fueron fracasos rotundos.
Al contrario, creo que en todos los casos en los que finalmente se
dio algo consistente, desde el primer minuto ambos tuvimos claro que el
otro "era" o "tenía grandes posibilidades de ser". Desde luego, no
siempre de modo concreto y explícito (aunque eso es algo que luego la
experiencia enseña a reconocer casi desde el primer suspiro). Con eso
fue suficiente.
Y sin embargo, cuanto más miro, menos veo a nadie que tenga claro que
basta con que el otro "sea" o "tenga grandes posibilidades de ser".
Con estos bueyes hay que arar, me temo.