domingo, 29 de marzo de 2026

El sarcasmo diletante

O de cómo el carácter desbordado se defiende a la vez que reconoce su incapacidad.
Lo encuentro más propio de la cobardía ladina e impotente que muestra de ingenio y personalidad.

Pues los caracteres firmes y templados no necesitan de la ironía pretenciosa para hacer valer su condición y autoridad. Son seguros en los acierto y errores, sin necesidad de esconderse.

Pero es lógico que abunde en un tiempo en el que nadie reconoce realmente equivocarse (No cuentan en esto los actos de contricción públicos de elementos anónimos, que más allá de la autopromoción carecen de todo valor).

viernes, 27 de marzo de 2026

Vestida de negro

Íntegramente de negro. Chaqueta larga tres cuartos, camiseta más holgada que ceñida pero entallada, falda larga de punto hasta los tobillos, botines y probablemente panties, pues no se marca ni una linea bajo la tela que se abraza a cada parte de su cuerpo, sin que esté ajustado.

Traslucen a cada zancada unas piernas largas, torneadas, con muslos firmes, jugando con el vuelo de la falda, que pese a ser tan larga no resulta en absoluto conservadora o monjil. De igual modo, el movimiento natural del pecho queda delicada e inequívocamente enmarcado por la camiseta, o quizá jersey fino, resaltando graciosamente con la voluptuosidad justa, en ese matiz tan sutil que hay entre la la sensualidad y la exhibición.

La veo pasar elegante, segura, natural, con la mirada al frente, consciente de su atractivo discreto, ese que luce cuando se posee la certeza de no necesitar ser impúdico ni ostentoso para llamar la atención.

Aparte de todo lo que provoca esa naturalidad, el negro absoluto en contraste con la palidez de la piel me trae a la mente pensamientos añadidos, de esos que no confieso muy abiertamente.

Y entonces sonrío y pienso cuan infinitamente me alegra comenzar así la mañana.

Peripecias vitales

Conocer a una persona tiene sus tiempos. Y en cada ámbito son relevantes diferentes aspectos. En un entorno laboral, de relación social común o de amistad, en mayor o menor profundidad, no es frecuente encontrar a quien abiertamente y a modo de presentación te reciba mostrándote sus traumas, complejos, circunstancias complicadas, activismos desaforados, maniqueísmos particulares, iluminaciones políticas, etc. Priman los elementos consustanciales con la actividad en la que tiene lugar el encuentro.

Pues en el mundo sadomasoquista, no es así. En vez de situar el foco en la inclinación que incita a pecar por la faceta supuestamente común que ama el placer, la carta de presentación incluye, cuando no hace de ello lo fundamental, parte o todo lo citado en el primer párrafo. Como si lo imprescindible para disfrutar de un cómplice pervertido fuera eso y no lo que define una relación BDSM del tipo que sea.

Pues no, no es necesario. Echando la vista atrás, en aquellas relaciones que recuerdo con mayor intensidad y perversa nostalgia, aparecen personas con circunstancias y situaciones que en ocasiones harían palidecer a la piara de exhibicionistas hiperestésicos que degradan el ambiente.

En ningún caso, en ninguno, pusieron por delante, y en ocasiones siquiera dejaron vislumbrar, aquello que les dolía, limitaba, afligía o condicionaba en otros entornos.

Tenían claro que tipo de deseo les movía, lo que implicaba buscarlo (más o menos) y qué querían conseguir. Y arreglar sus vidas, solventar carencias, pagar facturas del pasado y afrontar limitaciones varias no relacionadas con su pulsión perversa no era parte de ello.

Por supuesto, eso no fue impedimiento para que conforme la complicidad y el conocimiento era más profundo, si se terciaba y lo demandaba o favorecía la situación, las confidencias pudieran aparecer y abordar otros aspectos de cada uno. Pero siempre como consecuencia de la creciente cercanía entre dos adultos responsables, no como base imprescindible para empezar la relación.

Cada día os echo más de menos. Sí, ya sé que nada será como antes. Pero no quiero que el futuro sea cada vez más como ahora. Aunque parece tener mal remedio.

viernes, 13 de marzo de 2026

Estereotipos

"Los estereotipos son imágenes, creencias o ideas simplificadas y generalizadas sobre un grupo social, a menudo erróneas o infundadas. Funcionan como atajos mentales."

En el ámbito sadomadoquista, los veo en la idealización gráfica de los rasgos propios del carácter de ese mundo como una perversión desafortunada del fetichismo.

En su extremo más corrompido, los elementos ajenos sin capacidad sadomasoquista usan esas imagenes como reclamo interesado, fraudulento y capcioso de lo que no pueden ser.

Une al cóctel las características de red social y ya tenemos un teatro de sombras sexuales al alcance de la mediocridad infamante.

Con eso y decir que sientes que eres, vale.

domingo, 8 de marzo de 2026

Universos privados

Que mi pensamiento pertenece cada vez más a otra época es algo innegable. Cada día, cuando observo los usos y costumbres que se van imponiendo en la actualidad, me veo esencialmente más fuera de la corriente principal.

Antes renegaba de ello, y procuraba obviar o participar los justo de la parte social del ámbito cercano que no podía escoger (la que viene asociada a la actividad laboral, los compromisos de terceros o en general cualquier actividad en la que me viera inmerso como espectador circunstancial). Ahora, directamente, me da absolutamente igual.

Esto nunca me ha causado molestia alguna, pues desde ya la adolescencia fui consciente que mi forma de valorar, apreciar y evaluar no seguía unos parámetros habituales, y estaba fuera de lo normal. Como tampoco he sentido nunca la necesidad de verme como alguien normal ni de ser apreciado por mis cualidades sociales, asumí con naturalidad esa peculiaridad de mi carácter.

Con todo, no deja de sorprenderme hoy en día esa enfermiza necesidad de aceptación gremial que parece envolver a todo el mundo, incluso en aspectos de la personalidad, el carácter y el gusto que, bajo mi punto de vista, son esencialmente privados.

Sí, lo percibo como una enfermedad, una suerte de narcisismo exhibicionista y autoritario que pretende la aceptación de los otros de lo que yo soy o pueda llegar a ser. Entiendo que se pueda demandar tolerancia, pero ¿aceptación? ¿empatía? ¿reconocimiento? ¿incluso gusto por ello? No lo concibo.

Toda esta introducción viene al hilo de una de esas "verdades fundamentales" del sadomasoquismo actual, en concreto aquello que trata acerca de encontrar el sitio, saberse parte de algo que otras personas comparten, en definitiva, obtener la certeza de que no se es el único que siente determinados deseos e impulsos, y obtiene placer cuando llega a alcanzarlos.

Me sorprende la necesidad de saberse parte de algo más allá de uno mismo. De buscar cierta normalidad, e incluso aceptación, procedente del exterior. Por supuesto, el proceso para asimilarse y encontrar un espacio ajeno a las pautas elementales más convencionales que se le supone a una persona normal requiere un ejercicio de afirmación que no es sencillo. Pero es algo absolutamente personal. No por que te lo digan, o te lo cuenten, o te hagan sentirte "uno de los nuestros". Si no como resultado de un proceso individual que te permita ubicarte dentro de un espacio en el que tiene difícil encaje.

Así lo he visto siempre, y lo sigo viendo. Y antaño, era lo más habitual en las personas con las que me iba cruzando en el camino. Sin embargo, cada vez somos menos así, capaces de asumirse individualmente con una visión interior afrontando las dificultades de encajar un carácter en un ámbito que no está creado para él.

Los universos privados, me temo, son unos espacios en serio peligro de extinción. Qué pena ¿verdad?

lunes, 2 de marzo de 2026

Sin nombre

Me llamó la atención el título. Y el contenido no desmerece en absoluto a la expectación que me creó. Tanto, que me llevó a rememorar vivencias que dan respuesta a parte de los interrogantes que se plantea la autora.

Sin nombre. Voluntariamente innominados, sin el condicionante que impone el modo convencional de establecer una relación ya desde el primer instante.

Desde esa primera premisa, nada siguió una senda predecible, ni mucho menos definida. Antes bien, al contrario de lo que podría esperar, la falta de elementos supuestamente fundamentales con su falta de referencias, en vez de un obstáculo, favoreció un conocimiento focalizado en aquello que nos unió fuera de toda norma, de toda regla, ajeno a tradiciones y costumbres establecidas en lo social.

Esa falta de axiomas cotidianos permitió construir a voluntad lo que la necesidad demandó. Y el resultado se plasmó en una serie de conceptos, sensaciones, toma de conciencia y materialización que dejaron una huella indeleble, certezas insospechadas, en una vivencia que tuvo sentido dentro de aquello que creamos desde la nada a partir de nuestra capacidad y deseo.

Han pasado décadas, y seguimos sin saber los nombres. A la vez, ambos tenemos la absoluta convicción de que nadie más conocerá del otro lo que llegamos a compartir.

Quizá por eso no se podrá nombrar jamás

sábado, 21 de febrero de 2026

Espejos, al fin

 

Era algo necesario, enfrentarte ante lo que eres y vas a ser para que olvides y no moleste lo que crees querer o no eres capaz de ser.

Solo así, ante tu verdadera potencia y capacidad puedes descubrir y apreciar la belleza que hay en ti, tan diferente de esa que otros ojos te dibujaron de otra forma que no tiene nada que ver contigo.

Pues no es la belleza del que te mira a la que has de aspirar, sino la que tu ves a través de lo que te haré ser

Pero cada hay menos ojos dispuestos a ser enseñados a mirarse así.

Y nunca serás lo que otro que no te lleva a mirarte quiera que puedas ser.