Mostrando entradas con la etiqueta nue. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nue. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de julio de 2024

Ella no es así

Recuerdo bien nuestros juegos. 

Empezaron siendo nocturnos. 

En noches calurosas de verano. Luego se ampliaron en tiempo y espacio.

Dibujábamos momentos de quietud y densidad, como sacados de una de las obras de Tennessee Williams, con un ambiente sofocante en el que se palpa la humedad y el olor a sexo y deseo.

Podía captar su humedad. Incluso su aroma, a pesar de la distancia. Notaba como todo ello estaba originado por tenerme a mí al otro lado. Ella no es así, o al menos, no era así. La idea bailaba en su cabeza, y aunque no la dejaba ver, yo era capaz de verla. Hasta entonces, nunca creí que fuera posible semejante realimentación, sin contacto visual, físico, sin cercanía. Y ella tampoco. Tuvimos que cambiar de parecer, los hechos no admitían matices en ese aspecto. Así que no era así, pero empezó a serlo, y no sólo no quería evitarlo, es que no podía hacerlo. Aunque prefería pensar que lo que hacía era por voluntad propia, sabía que no era así. Y que yo lo sabía también.


Eso era lo que más le ponía, la conciencia clara de la inevitabilidad. Es curioso como lo que parece secundario es en realidad la causa primera de la excitación, el deseo y el ansia. No era en su caso tanto lo que le pudiera obligar a hacer sino el saber que no podría evitar que lo hiciera. Fuera lo fuera. Con el tiempo, ese fuera lo que fuera llegó a ser casi infinito. El bucle que nos realimentaba parecía no tener fin, y amenazaba con tragarse toda la energía del universo.

Llego a hacer cualquier cosa que se me pasara por la cabeza. En cualquier momento y lugar. Algunas, rozando el límite de lo explícito, aunque cualquier espectador que tuviera una visión entrenada se daría cuenta al instante de lo que estaba ocurriendo.

Y fue así como pasó de no querer decirme, por vergüenza, de qué color llevaba la ropa interior a masturbarse pegada a un ventanal con las tetas pegadas al cristal, asomada a una calle con considerable presencia de transeúntes.  La vecina de la puerta de lado, la mujer que trabaja ahí a la vuelta, la que va a comprar o a hacer sus recados. La rubia voluptuosa a la que más de uno, y más de una, quiere follarse, va paseando con el coño mojado, los pezones disparados y sin ropa interior, pendiente de qué le va a tocar a hacer.

Menos mal que ella no era así.



miércoles, 23 de diciembre de 2015

La línea se cortó

Apareció en la agenda ese nombre que hacía años no leía, y mucho menos tiempo desde que lo recordé por última vez. Y recordé los asientos mínimos, las noches robadas, la voz inquieta, el miedo desvelado, la lujuria perversa, las risas ahogadas, el dolor de la sinceridad incomprendida, el llanto, la esperanza y el no dejar ser  al deseo porque será, y finalmente no fue.

Marqué el número, y me respondió el frío mensaje grabado por la compañia:

"Ese número no pertenece a ningún cliente"

No lloré, pero sentí que algo en mi interior murió. Hace tiempo que no era mía, pero desde anoche nada será igual.

No borraré su número. Es lo único que me queda ya.

domingo, 26 de mayo de 2013

El último cigarrillo

Levantó la vista y miró a través de las láminas de la cortina. No había mucha actividad en la oficina. La suficiente como para justificar tener un par de mesas más, pero cuando no mucho tiempo atrás habían sido doce, no podía dejar de evocar esos ajetreados días.

Al menos, seguía trabajando, y cubriendo gastos como poco, lo que no estaba nada mal. Trató de centrarse en el nuevo encargo, pregúntandose donde habría puesto aquel presupuesto que ahora, una par de años después, por sorpresa iba a materializarse. La mudanza era reciente, y tuvo que comprimir el espacio (¡qué despacho tan luminoso y amplio tenía entonces!), pero los presupuestos debían estar todos juntos, en su sitio.

Se dirigió al armario y, efectivamente, allí estaba el archivo que los contenía. Tiró de la caja, y al hacerlo algo sobresalió, envuelto en tela.No recordaba que era, así que lo cogió, y lo puso sobre su mesa. Lo desenvolvió, y aparecieron aquellas muestras de cuero. Se las dejó un fabricante tiempo atrás, cuando las reformas que acometía llevaban un componente de decoración considerable. Había ganado justa fama con ellas.

Pasó la mano por las tiras, que invevitablemente, le trajeron otros recuerdos. Levantó la vista de nuevo y su mente retrocedió unos años, a un día en el que también acariciaba el muestrario y miraba entre las láminas de la cortina. Entonces su mirada era nerviosa, pues estaba de rodillas ante su mesa, las piernas muy separadas y sin ropa interior. Como de costumbre, su vena retadora había salido en el peor momento, y a los 10 minutos estaba en aquella posición, escogiendo con cual de las tiras habría de azotarse. Una mano tocaba la piel, y la otra el cuero. Una repasaba la suavidad de retal, y la otra verificaba cierta humedad. O quizá la incrementaba.

Lo que más le sorprendió de ella misma en aquella ocasión es que esta vez ni siquiera tuvo que cumplir una orden. El simplemente le sugirió lo que le iba apetecer hacer en cuanto colgara el teléfono, y le anunció que lo haría a pesar de su negativa y su reto.

Y efectivamente, allí estaba, arrodillada por voluntad propia, y preparandose para azotarse entre las piernas con una de las tiras. Anchas, como cuatro dedos, y de medio metro de largas. Resonaba en su cabeza el "ideales" y  "no te podrás resistir con lo que te gusta que te azote" y tan sólo tardó esos 10 minutos en ponerse en situación.

Un escalofrío recorrió su cuerpo, y sintió de nuevo esa sensación que entonces era desconocida y ahora casi olvidada. Voluntariamente olvidada. O más bien, apartada. Trató de sacudirsela de la mente, y se asomó a la ventana. Vio la calle, los árboles, los coches, tratando de hacer pasar el momento. Sin embargo, su vista se clavó en una muchacha que estaba fumando en la calle. Se sentaba sobre uno de los postes de piedra que delimitaban la zona de valla de la de los bolados. Y de nuevo los recuerdos le asaltaron.

Ahora ya no fumaba. Pero entonces, lo hacía. Y en más de una ocasión salió a echar un cigarro ante la puerta de su antiguo despacho. En estas ocasiones, si llevaba ropa interior, aunque le quedaba bien claro que era por una cuestión de higiene. Y las indicaciones eran tajantes. Si quieres fumar, lo haces en la calle, sentada sobre uno de esos magnificos intrumentos que el ayuntamiento a puesto a tu disposición. Recordaba la mezcla de embarazo y deseo que la embargaba al hacerlo. Y como se frotaba contra aquella superficie metálica y fría mientras encendía un cigarrillo que casi nunca acertaba a llevar a la boca. Mientras en su cabeza se confundían las sensaciones que sentía por lo que pensarían en su oficina (sí, se la veía perfectamente) y el placer que experimentaba como resultado de todo ello.

Se dio cuenta que había llevado su mano entre las piernas. Y que estaba húmeda. Mucho. Sabía que esos tiempos no iban a volver, pero mirando a la chica, sintió un irrefrenable deseo de fumarse un cigarro. Seguro que le daba uno. Así que se deció, y salió. Pero antes, dejó extendida sobra la mesa una de las tiras del muestrario. Para la vuelta.




jueves, 6 de septiembre de 2012

En el mismo lugar y con la misma gente

¿No hay una canción que dice: en el mismo lugar y con la misma gente?

El martes me llegó un mensaje con esa pregunta. Hacía mucho que no sabía nada del remitente. Tras una conversación telefónica meses atrás, cesó todo contacto. Y pasado el tiempo, me dio mucha alegría recibirlo.

Pero tras el momento inicial, otras sentimientos afloraron. Me dejó cuatro o cinco líneas, pero contenían lo suficiente como para hacerme pensar. Volvieron a mi mente las sensaciones de aquella charla, que sentí verdaderamente como la última; aunque no quería creerlo, supe que sería muy probable que así fuera. Y eché la vista atrás..... con perspectiva, las cosas cambian, o mejor dicho, se aprecian aspectos que antes no captaba.

Me vi a mi mismo en ese periodo, y tiempo atrás.......y volví a leer conversaciones, charlas, correos que ciertos entornos guardan de un modo más impúdico que enciclopédico. Y me puse a seleccionar, eliminar....pero la visión del personaje que lo protagoniza durante todos estos años siguió ahí. No lo puedo borrar. Y en esos instantes tenía unas inmensas ganas de hacerlo.

El repaso a Mr Al y sus satélites me llevo a otra de esas páginas en las que tengo presencia desde hace años y ahora apenas uso. Y sorprendentemente, tenía un mensaje allí también. Bello y emotivo. Tanto que me deja sin palabras. Tanto como para cambiar la percepción de esa mirada atrás. No, el personaje no puede ser tan malo si es capaz de motivar a alguien para que le escriba esas líneas. Unas líneas que no puedo responder, ni siquiera agredecer, sin temor a mancharlas.

No se si existe esa canción. No he querido buscarla. Lo que sí existe es ese yo que de nuevo me llena de dudas. No es tan malo, ni tampoco tan estupendo. Simplemente es. No sé por cuanto tiempo, pero es.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Gracias Señor

Llevaba una temporada larga sin líbido. Una serie de desafortunados sucesos encadenados la habían sumido en una somnolencia neblinosa. Nunca creí que un temperamento tan sexual como el suyo podría dormirse así durante casi un mes.

La charla seguía los cauces trillados de los últimos tiempos; ligeramente amena y absolutamente superficial. A pesar de que levanté poco a poco los cuidados que le dispensaba, no parecía responder. Sin embargo, al despedirme, un deje en la voz me resultó familiar. Sí, evocadoramente familiar. Dejarla ir habría sido un error, así que le espeté directamente

"Estás excitada, zorra"

Se hizo el silencio, y al final contestó "Sí, Amo"

Era un momento esperado. Le ordené que se pusiera en posición, y que comenzara a acariciar su generoso pecho. Empezo a suspirar, casi instantáneamente. Estaba más que caliente. Algo en su cabeza volvio a funcionar como de costumbre, y allí estaba, con el flujo resbalando por sus muslos.

Le hice tomar las pinzas, que tanto le disgustan, y se las puso en los pezones y en los labios de su sexo. Y empezó a acariciarse. Pero hoy tenía otros planes. Tras un mes sin correrse, quería sacar a la zorra completamente. Le hice liberar su coño, y martirizar los pezones. Seguía gimiendo.

"Comienza a darte palmadas en tu sexo"

Y empezó a contar

1, gracias Señor
2, gracias Señor
3, gracias Señor
4, gracias Señor

"más ritmo y más fuerza, no las oigo"

5, gracias Señor
6, gracias Señor
7, gracias Señor
8, gracias Señor

..... 25 gracias señor

"quítate una pinza de un pezón mientras acaricias tu coño, puta"

eso hizo incrementarse el ritmo de sus jadeos. No pasaron 20 segundos y ya estaba a punto.

"Señor, por favor, permítame correrme"

"Ni se te ocurra, zorra. Continúa con las palmadas"

26 gracias señor
27 gracias señor

"Y si quieres correrte, hazlo así, palmada a palmada"

"No podré , Señor"

"Maldita zorra, ¿Es que voy a tener que follarte para que te corras?"

No llego a la 30; alcanzo su orgasmo entre gritos y jadeos, y se derrumbo sobre sus rodillas. Se quitó la pinza que quedaba en su pecho, mientras una leve sonrisa permitía salir un inaudible susurro

"Gracias, Señor"

(Mezcla de dos experiencias reales. La esencia en ambas es la misma. Se permite la licencia ¿verdad? )

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Situándola

Remitido por nue

"No se muy bien que voy a escribir, porque me tratas así? No lo entiendo, lo intento pero es que no entiendo nada...
Entiendo el cambio de rumbo, el factor sorpresa y todo lo del otro día. Pero estoy desconcertada. Ahora mismo estoy llorando, me siento ninguneada, ni siquiera después de lo del otro día encuentro reacción en ti. necesito hablar de eso contigo, necesito que me ayudes a entender, yo sola no puedo. Siempre has estado a mi lado y me has ayudado, yo no se nada de todo esto.
He llegado a pensar que haces esto porque quieres que lo deje, me resisto a creer que no te importe nada de lo que me pasa. Se lo que había antes, no entiendo tanta crueldad. Da igual, se me pasan tantas cosas por la cabeza que no se por donde seguir.
Te echo de menos, mucho, intento adaptarme a este ritmo, al rol que has decidido crear pero es tan difícil. Echo de menos que entres dentro de mi, sentirme derretida. Y lo que mas me descuadra es que sigo sintiendome tuya, pero a veces es tan doloroso ser tuya, me haces sentir tan pequeña, tan inútil, tan poco dotada para satisfacerte
No se...estaba rabiosa perdida, ahora solo estoy triste y ya no se que decir, ni siquiera se si mandarte esto, para que?
Yo no soy así, estoy mejor últimamente, si hasta me río y me gustaría tanto poder compartirlo contigo, antes me encantaba que te rieras, me gustaba complacerte, preocuparme por ti y se que te gustaba, se que eso te satisfacía, pero no se como acercarme a ti.
en fin, buenas noches Amo"

martes, 25 de mayo de 2010

Cuaderno de bitácora 10 - Poder

Calor, ansiedad y sueño. Una rutina empalagosa e hiriente, de esas que aniquilan cualquier brote de humanidad. Tensión malsana, carácter agrio y mala disposición. Nada en el ambiente hacía presagiar lo que estaba a punto de ocurrir. Tumbado, en un sillón, hizo una última llamada. Cinco minutos, a comer y siesta. Oh, si, sin duda, prometía un momento de cierto relax.

Contestó la voz jovial, animosa y determinada de costumbre. Con su punto de chulería, por supuesto. Ese que siempre sale y que tan bien le sienta. Iba por la calle, camino de una cita, también a comer. Sucedió el habitual intercambio de bromas y vaciles. Ligero y a la vez profundo; no se da puntada sin hilo, ciertamente, y exige atención. Pero el descubrir una personalidad e ir desnudando un alma requiere al menos ese esfuerzo. Gratificante esfuerzo. La atmósfera iba adquiriendo esa carga estática que al cabo de un rato suele electrizar todas sus charlas. Sin embargo, esta vez parecía especialmente ionizada. Todo es energía, que le lleva con sorprendente facilidad a ver dentro de lo más íntimo de ella. El tono de la voz al otro lado del teléfono se ha tornado quedo, apagadamente vibrante; trae una extraña excitación y un inconfundible aroma de entrega.

Decide entrar, hasta lo más profundo. Remueve su ser, anticipa sus reacciones, descubre su excitación, su humedad, y toma absoluto control sobre ella. La voz es ya un susurro, implorante, sorprendido, que muestra toda su sumisión. Ella no da crédito a lo que ocurre. Hace una hora le pidió tomarse su tiempo para cierto asunto. En ese instante lo habría hecho sin dudar. Subyugada, poseída, dominada, definitivamente entregada. Acude presta al cite, sin salirse del carril. Y disfruta, intensamente. Tanto, que duele. Tanto que le suplica que se detenga, que ya no puede más.

Las sensaciones de el son de absoluto poder. Poder, control y dominio. A pesar de la distancia, siente como se mueve con cada palabra suya. Como se estremece. Como se encoge, buscando su protección. Va enroscando la tuerca alrededor de ella milímetro a milímetro. Rasga las cuerdas de su yo mas secreto, que hace que vibre como nunca jamás lo hizo, como nunca jamás pensó que podría hacerlo.

El tiempo ha volado. Pasaron los cinco minutos, y cincuenta más. Mas todo parece ocurrir en un instante.

Ella le ruega de nuevo que pare; está mental y físicamente al límite. Hace tiempo que se sentó, no aguanta de pie. El le pide que cierre los ojos. Así, en silencio, le insta a respirar , despacio, hondo. Pasan otros cinco minutos, largos, lentos, en los cuales hay un trasvase de toda esa emoción. Y vuelve a oírse la voz de ella. Sigue queda, agotada, aunque ya ha recuperado algo de si misma. Pero no todo. Sabe que el resto que falta, desde ese instante, no volverá a ser suyo. Es absolutamente consciente, sin duda alguna, de que ya le pertenece, en cuerpo y alma, a El.