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domingo, 26 de noviembre de 2023

Supernova (Universo consumido)

 

"Por eso, al recorrer con el dorso de las uñas el interior de tus brazos, abres más las piernas y dejas caer la cabeza invitándome involuntariamente a que lo ponga de nuevo derecho, asiéndote el pelo, y dejando tensa firme la piel del cuello, expuesta, vulnerable.

El aroma del deseo, de la mente pervertida, curiosa, incitante, dispuesta. Inunda la estancia, sin haber llegado a tocarte, apenas rozarte.

Esos labios deliciosos acarician tus lóbulos, oyes la respiración, esperas un sonido que te dirija, te lleve. No hay obligación, pero tampoco voluntad. Empiezas a notar que no necesitas dejarte, vas, y más aún al sentir el suave mordisco donde antes había caricia.

Anticipas, tensa, algo. Un contacto, una palabra, una indicación. El pelo tirante, la piel erizada, las piernas abiertas, la ropa empapada.....

.......y privada de la visión, el tacto, el oído, el olfato....se disparan. Y cuando lo que parece el envés de la mano dibuja tus labios abres la boca, queriendo saborear ya algo de ese intruso que amenaza con invadirte, entera."

Después, un clímax que pareció infinito, pero que apenas explotaba al tragarse de golpe toda la energía que engendró. Deja una bella espiral, y los trazos de una húmeda y aromática intensidad.

lunes, 13 de febrero de 2023

El discreto encanto de la capacidad desatada

En esta pasarela de vanidad pretenciosa, brilla, por encima de todas las cosas, el equívoco fulgor de los exhibicionistas con magníficas dotes de comunicación puestas al servicio de la nada absoluta. Así, se publicita sin recato la bondad de lo accesorio, la profundidad de lo insustancial y la cómica intensidad de lo irrelevante. Suele ir envuelto todo ello en un manto de sacrosanta dignidad prestada de causas pretendidamente nobles, hidalgas, modernas y empáticas, conformando un cuadro que aúna al atractivo visual la garantía de la supuesta moral bien entendida.

Bonito, atrayente....y falso.

Inevitablemente falso, pues esa corriente nace de una fuente que no tiene nada que ver con lo que pretende regar, más allá del imposible deseo del incapaz (y últimamente de los mercaderes del sexo, cada vez más ubicuos) puesto ante el espejo de su inutilidad manifiesta, al calor del voluntarioso aserto del querer es poder como oráculo de la mediocridad.

Por eso, cuando entre tanta quincalla aparece el luminoso destello de un retazo de capacidad desatada, la bondad de lo esencial, la profundidad del ser y la intensidad de lo único, con el discreto encanto de su natural sencillez, devastan todo el montaje de impostura inanimada con el soplo de vida ante el cual lo muerto jamás podrá competir. Aunque trate de llevarlo a su terreno, como ocurre cada día por aquí.

A una putona infinitamente capaz

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Bucle temporal extraño

 

No suelo dar crédito a las concentración de casualidades confluyentes. El azar puede hacer coincidir una, dos, hasta tres elementos sin aparente correlación. Pero en menos de 24 horas, que se alinee no ya el Sistema Solar completo, si no la Galaxia entera en una uniformidad sorprendente, no puede ser casualidad.

De este modo, se une lo que se va a discurrir órbitas lejanas con lo que partió para siempre y retorna periódicamente, unidos con el cometa en suspenso que trae de nuevo su luz Única, obra maestra del Creador, que viene de la mano de la estrella que volvió del sumidero del que era imposible salir a disfrutar de aquello que solo tiene por aquí, y en semejante aquelarre hasta la declinante muerte de un sol otrora esplendoroso deja su huella en una orgía de recuerdos envueltos en presencias, ausencias, deseos latentes y palabras olvidadas.

Probablemente sean casualidades anidadas en distintos niveles. Puede ser. Y no pienso mirar más allá. La emoción de los retornos difuminan el dolor de los recuerdos, y posponen, aunque el fin sea inexorable, la caída en los infiernos inherente a todo aquello que simplemente por vivir está destinado a morir.

Y así, en este enjambre de sensaciones encontradas, disfruto del estímulo de verificar que también mi Yo sigue estando aquí. Hasta que alumbre el último rayo de luz y el vacío acabe por reclamar su último tributo.

Siempre hay motivo para sonreír.

martes, 24 de mayo de 2022

Hoy

 

-Uhmmm, hoy te rompía unas cuantas varas encima, sí.

-Mmmmmmm, ¡qué bien me vendría! Señor, sin piedad ni compasión.

-Sí, no te vendría mal. Marcarte todo el cuerpo, entero.

-Por favor. Dele más fuerte.

-¿Fuerte? No putona. En su justa medida. Incesante, a ritmo, con la cadencia perfecta que permita oír el silbido de la vara durante horas.

-No fuerte.... a ese ritmo de cadencia perfecta y silbido palpitante. Igual agrego algún quejio a su armonioso e incesante vareo.

-Quejíos, suspiros, sollozos, gritos, murmullos, letanía, silencio, llanto. Los quiero todos. Y el sonido de la piel marcada. El aroma del púrpura sobre la palidez morena. La vista de la humedad incontenible. El sabor de los surcos calientes y delineados. Todo lo quiero. Y todo lo tengo.

Hoy, mejor que mañana.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Quiebro doble

Me entregó la cosecha de este año. Una docena de finas varas, flexibles, pulidas, frescas, hambrientas. Aún con el aroma a campo, desbastadas y listas para su uso.

Percibí una sonrisita inadecuada, mientras ponderaba la manufactura cuidadosamente elaborada del mango. Un trabajo minucioso y bien acabado, para un objeto de vida efímera.

Sonrió casi presuntuosamente. Como tantas otras veces. Pero hoy, la vara me inspiró. O quizá me puso en mi lugar, conminándome a hacer lo propio con ella. Así que tuvo que ofrecerme sus nalgas y espalda desnudas. Mientras jugueteaba con cierto desdén delicado dibujando trazos invisibles ponderaba la magnitud de lo que se avecinaba. Y en un infinito crescendo, la fina e inanimada vara cobró vida, y comenzó a reclamar su tributo en piel. Con suavidad y firmeza, a ritmo marcado e intensidad en constante aumento.

La sonrisa despareció, también la relajación, y la tensión crispada de los puños cerrados se envolvía en un suspiro profundo que pronto devino en un leve lamento. Noté con claridad como esperaba que cada golpe fuera el último, el desánimo que le invadía al recibir el siguiente, así hasta que el lamento se convirtió en quejido, posteriormente en rugido y finalmente en llanto.

Llanto con sonido a quiebro. Paré. Tomó aire. Mientras acariciaba la superficie ahora caliente, estriada por los impactos, noté que volvía en sí.

Ya recuperada, asomó de nuevo una sonrisa, esta vez sin asomo de presunción, y cierto relajo mientras se incorporaba.

“¡Qué cabronazo es Usted, Señor!”, pude escuchar.

“No has aprendido nada”, pudo oír, sin acabar de comprender el fondo de la frase.

“Ponte boca abajo de nuevo”, mientras hacía oscilar la vara entre mis dedos. La súplica de sus ojos decía que por fin entendió, y mientras retomaba la posición, ahora absolutamente tensa , y plena de aflicción mientras el sonido de la saeta cortando el aire le adelantaba lo que de nuevo iba a poder disfrutar.

sábado, 19 de junio de 2021

Círculos evidentes

El giro es breve, rápido y preciso, de manera que imprime una endiablada velocidad en el extremo. Tanta que aunque se aprecia el recorrido sobre la piel la larga tira claveteada, el sonido es único. Seco, grave y definido, de tal manera que define la intensidad e incisiva fuerza con la que la correa deja el trazo sobre la piel.

El efecto es inmediato, y apenas el cuero abandona la carne, las marcas dibujan instantáneamente el relieve con perversa exactitud. Cada círculo correspondiente a sus homólogos metálicos en su sitio, delineados y aumentando su contorno rojizo con cada segundo.

Tan instantáneo como la humedad que recorre los muslos. Tanta, que no hace falta preguntar como está. Es evidente.

viernes, 14 de mayo de 2021

Veinte minutos mágicos.

¡Sólo dos horas! La exclamación rebotaba aún, formando un eco negativo, realimentando un stress absurdo.

¡Sólo dos horas!, repetía nerviosa y acelerada, mientras yo sonreía calmada y cómodamente tumbado en el sofá.

Subía, bajaba, corría, buscaba.....y ya sólo quedaba una hora y cincuenta y siete minutos, y disminuyendo. Creo que mi sonrisa la aceleraba más. Hasta que le hago parar.

En posición de espera, le mando cerrar los ojos y dejar de verbalizar, de mirar, de pensar. Ajusté con calma el ambiente, luminosidad y sonido adecuados. Una vez disminuida la percepción de esos sentidos, es momento de aumentar la del tacto. Las tiras de cuero traen una caricia sedante por todo su cuerpo, con una intensidad imperceptible e impecablemente creciente, al estilo del Bolero de Ravel, pero al ritmo del Clave bien temperado. Sube, crece, aumenta lenta e inflexible la intensidad, y comienza a sentir y a no pensar. Aparece la tentación del abandono, de dejarse llevar, y no puede evitar seguirla, en un continuo crescendo.

Desaparece el tiempo, y el pensamiento, y la propia conciencia. Sólo existen los golpes, rítmicos, pausados, inevitables, inflamando el espíritu que transciende al repositorio carnal que lo contiene.

Se ha acabado el tiempo, y da igual si fueron veinte, cuarenta o cinco minutos. El efecto es intemporal, y el sello, eterno. Es el efecto de dedicarme a aquello para lo que estoy naturalmente dotado, y no a otra cosa. Por siempre jamás.

Necesito adorarle, sir.

Una declaración asimilada en el pensamiento a partir de procesar la emoción. No es algo que pueda inferirse en dos días, ni tampoco es fácil de aceptar e interorizar.

Resulta refrescante entre tanta lava llena de impurezas y elementos espúreos.
Y bellísimo. Mucho.