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domingo, 26 de noviembre de 2023

Supernova (Universo consumido)

 

"Por eso, al recorrer con el dorso de las uñas el interior de tus brazos, abres más las piernas y dejas caer la cabeza invitándome involuntariamente a que lo ponga de nuevo derecho, asiéndote el pelo, y dejando tensa firme la piel del cuello, expuesta, vulnerable.

El aroma del deseo, de la mente pervertida, curiosa, incitante, dispuesta. Inunda la estancia, sin haber llegado a tocarte, apenas rozarte.

Esos labios deliciosos acarician tus lóbulos, oyes la respiración, esperas un sonido que te dirija, te lleve. No hay obligación, pero tampoco voluntad. Empiezas a notar que no necesitas dejarte, vas, y más aún al sentir el suave mordisco donde antes había caricia.

Anticipas, tensa, algo. Un contacto, una palabra, una indicación. El pelo tirante, la piel erizada, las piernas abiertas, la ropa empapada.....

.......y privada de la visión, el tacto, el oído, el olfato....se disparan. Y cuando lo que parece el envés de la mano dibuja tus labios abres la boca, queriendo saborear ya algo de ese intruso que amenaza con invadirte, entera."

Después, un clímax que pareció infinito, pero que apenas explotaba al tragarse de golpe toda la energía que engendró. Deja una bella espiral, y los trazos de una húmeda y aromática intensidad.

miércoles, 8 de febrero de 2023

Pequeños detalles

“ Eres un poco impaciente”, me dijo con resolución. No lo estaba siendo, pero sí comenzaba a entrar en una argumentación que me llevaba a la contradicción, y con esa frase desactivó la situación antes de producirse. Hizo más, mostró firmeza, carácter, decisión, coherencia e interés. Fue la contestación adecuada en el momento oportuno.

“Tienes razón, disculpa”, fue mi respuesta.

Esas dos frases lo dijeron todo. Tanto que cuando nos vimos, unas semanas después, no hizo falta apenas hablar. A la breve invitación que le hice (“¿Vamos?”) contestó con las tres palabras que nunca más desde aquel día, desde ese instante, han vuelto a sonarme igual:

“Sí, mi Señor” ,

con ese ritmo y cadencia que sólo ella sabe darle a la expresión. Salimos del asador y nos encaminamos calle arriba, en la cálida tarde castellana, en un camino sin retorno para ambos. Con paso lento, una mano en su cadera y la dulzura indefinible que nos procuraba la sensación de haber culminado el preludio de tantos meses de observación y conocimiento. La confirmación de la certeza nos llevó a un estadio nuevo, y sin embargo, parecía que habíamos estado viviendo ese estado desde el principio de nuestra existencia, de tan natural que resultó cada momento.

Todo estaba resumido en el detalle de esas breves frases. Cuando se dan, no hace falta más. Y cuando no, tampoco. Es así de natural.



sábado, 7 de febrero de 2015

Un comienzo, otra vez

La entrada en la lista de visitas me intrigó. En aquella fecha, nada comenzaba, más bien al contrario, y los recuerdos son especialmente fríos. Como el día aquel, tan parecido al que hemos tenido hoy. Un día frío de invierno. Recuerdo la cita, la sensación de sentirme mayor, cansado, el brillo de sus ojos anunciándome que tomaba otro camino, su pelo, ese maravilloso pelo negro, enmarcando su cara a la vez traviesa y extrañamente madura, de una madurez que luego no he vuelto a hallar, a pesar de su juventud (asaltacunas me llamaba Marian, mitad en serio, mitad en broma). Fueron tres largos años, deliciosamente cortos. Estupendos, intensos. Y al verla tan magnífica aquel día, y sentirme tan bajo, supe que no habría más.

"Con lo que tú eres, recupérate" Fueron las últimas palabras que cruzamos, por una vez, ella con una sonrisa clara y yo no. Hablamos después, de vez en cuando, y a pesar de ser un final, nunca tuve sensación de pérdida. Al contrario, permanece nítida y definida, la sensación de que si nos vieramos mañana, sería como si no hubieran pasado estos cuatro años sin estar uno frente a otro.

Podría parecer que la echo de menos, y es verdad. Echo de menos las sensaciones que me provocaba, la complicidad natural, el espacio dibujado entre ambos, las miradas, el pelo ensortijado, los suspiros, el placer, las pausas. Y sobre todo, esos momentos en que las palabras sobran entre dos.

Ahora que otra complicidad sigue la senda de aquellos pasos, rememoro especialmente aquellos días. No son iguales, ni provocan lo mismo. Pero de nuevo, tras mucho mucho tiempo, han vuelto esos momentos en que las palabras, sobran entre dos. La mayor de mis fuerzas queda a un lado, y aún así, los guiños se suceden, y el tiempo me seduce, lentamente. Con su tempo vertiginosamente pausado.

Un comienzo. Otra vez

viernes, 7 de febrero de 2014

Un patrón inconsciente

Esta entrada tampoco pretende señalar quien fue mejor o peor. Muestra cual fue para mi una situación ideal. Pero que exprese tal cosa no significa que anhele el mundo de las ideas y desprecie el real. Por si acaso. Antes bien es al contrario. Se vive en la piel, no en el éter.

Siempre pensé que fui verdaderamente afortunado con mis primeras relaciones y contactos dentro del proceloso mundo del BDSM. Conocí personas de todo tipo, condición y experiencia, y me atrevería a decir hasta de diferentes estados mentales. Incluso con aquellas que me llevaron a una situación de riesgo cierto, tuve la fortuna de mi lado, pues la moneda siempre salió cara cuando la cruz podía haber tenido consecuencias desastrosas.

Hoy estuve charlando largo rato con una excelente amiga, que forma parte de aquellos primeros contactos (es curioso, las auténticas amistades que tengo y conservo en este mundo proceden de esos días). Y rememoré ciertos episodios y sensaciones de entonces, comparando con las que me producen y van quedando de mis últimas relaciones. Y aunque yo no soy el mismo, y noto de un modo claro cuanto evolucioné y cuan diferente es el perfil de quien estuvo a mi lado, me llama poderosamente la atención que sigo aplicando el mismo patrón, de un modo inconsciente, a toda relación que establezco. Probablemente se deba a que en mi interior sienta que para mi fue la situación ideal. A todos los niveles. Y quizá también marcó el cenit en cuanto a que será algo que difícilmente se volverá a dar de un modo similar.

Se aunaron en su momento caracteres, ocasión, experiencia, curiosidad, oportunidad y mentes auténticamente libres. De un modo particular, tanto que desde entonces nunca he sentido poseer a nadie de un modo tan absoluto y a la vez, con una completa automía y confianza de cada uno fuera del espacio común.

Establecimos unos parámetros (pocos, tres nada más) básicos e inviolables. Y no hubo necesidad de más. No hubo pretensiones ocultas, deseos diferidos o luchas de posesión fuera del ámbito (una esfera perfecta) que definimos. Nuestro universo era esa esfera, y las necesidades particulares, las frustraciones cotidianas y en definitiva, los avatares del día a día, quedaban siempre fuera de ese interior especial. De modo que esa esfera era un espacio exclusivamente de disfrute, deseo, curiosidad, conocimiento, experimentación, lujuria, sadomasoquismo y sexo. No sustituía a nada ni a nadie, ni pretendía dar lustre a nada. Por no dar, ni siquiera se prestaba a compararse con ningún otro elemento en nuestras vidas. Simplemente, ese era el lugar para poner en práctica todo lo que pasara por nuestras mentes.

Por supuesto, los personajes que entraban en la esfera estaban condicionados por ese día a día, y en algunos momentos, quedo cerrada por periodos más o menos largos. Pero esos personajes tenían el sentido común y la suficiente claridad de ideas como para dejar en la puerta toda la carga impuesta por la rutina, y dedicarse dentro tan sólo a lo que nos unía en ese lugar.

Hoy le decía a mi amiga que sólo me ocurrió eso con esta persona. Y creo que será difícil que me vuelva a ocurrir.

Ahí queda, como una experiencia vital esencial. Por eso ha tomado forma de patrón. Aunque siempre, mañana, será otro día.

lunes, 27 de mayo de 2013

Cuando se paró tiempo


"Bajó del autobús, en aquella pequeña ciudad de provincias. El otoño iba cortando los días, y el sol calentaba aún lo suficiente para que las ráfagas de viento que se iban espaciando no resultaran del todo incómodas. Al entrar en el vestíbulo de la estación, le vio. Un gesto de contrariedad se dibujó en su cara. Tenía que cumplir unas órdenes muy concretas que esperaba disimular en los aseos, y ahora no podría hacerlo. Se colocó el pañuelo alrededor del cuello, aún sabiendo que él no tardaría en comprobar si había sido obediente.

Él se acercó como de costumbre, mirando a los ojos, fijamente, con una media sonrisa creciente tomando su cintura. Tras su presentación habitual, vio como se centraba en el pañuelo, y como la sonrisa tomaba un aire diferente. La conocía bien, y bajó los ojos.

- Me parece que no has cumplido con lo que te ordené. ¿Donde está el collar?

- En el bolso. Me lo iba a poner al llegar.

-Ya, y yo, ¿qué te dije?

- Que lo llevara puesto en el autobús

- Y tú has decidido que no. Bueno, ahora arreglaremos eso.

Fijó la mano bien en la cintura, y sintió como bajó hasta la nalga derecha, llevándola así hasta el coche. Ocuparon los asientos, y antes de arrancar, le mandó abrir las piernas y subirse la falda. Sí, desde luego, iba a comprobar el cumplimiento de todo lo indicado. Y comprobó que no. La mirada se hizo dura, y ni siquiera la visión de delicioso conjunto que estrenaba para él en esa ocasión la hizo ablandarse.

Se pusieron en marcha, y al tomar la carretera, sintió su mano acariciando entre sus muslos, y al llegar a la tela que no debía estar allí, notó como aprisionó con fuerza todo que estaba cubierto. Con tanta fuerza que se dobló hacia adelante por el dolor, y trató de desasirse. Pero la mirada dura le hizo apartar las manos, y la voz sonó más dura aún.

- Y ésto, tampoco. Parece que crees poder hacer lo que te viene en gana

Arqueó de improviso la caderas, y consiguió desasirse. Un sonoro azote en el interior del muslo la devolvió a la posición original, y la mano de nuevo asió con fuerza su presa.

- Está bien, veo que las palabras no te hicieron entrar en razón. Probaremos otra cosa.

El camino hasta el destino fue silencioso. Por fin en la habitación, le hizo desnudar y ponerse el collar.

- Así tenías que haber venido. Pero no te preocupes, no lo olvidarás.

Le vendó los ojos, y sintió como le ataba las manos y las fijaba al dosel de la cama. Estaba levemente de puntillas. Y entonces comenzó a detenerse el tiempo. Sintió dolor, por primera vez, sin placer asociado. Un dolor creciente, aplicado metódicamente, sin la menor intención de provocar sensaciones de deseo. Un dolor que se iba haciendo sordo, con punzadas insoportables. De vez en cuando una mano abría sus labios, que estaban secos, rigurosamente secos. El rictus de su cara reflejaba una tensión en aumento. Salieron los primeros gritos, las primeras lágrimas. La respiración era cada vez más agitada y no había lugar a la relajación. Un agitación densa, casi convulsa la invadía. Estaba a punto de explotar y mandarlo todo a quién sabe donde.

Un sonoro azote fue el último. Se sentía nerviosa, dolida, dolorida, injustamente tratada. Su precioso pelo negro le caía desordenadamente por la cara, dando a la imagen un aspecto casi animal. Resbalaban las lágrimas por las mejillas, y la leve elevación que le impedía posar los talones en el suelo le hacía sentirse absolutamente rota y vulnerable.

Estuvo así un par de minutos, aunque ella pensó que fue mucho más tiempo. Su mano apartó los cabellos de la cara, recogieron las lágrimas y sintió el calor del cuerpo que se acercaba. Lo rehuyó, todo lo que pudo, pero siguió aproximándose. Ya no podía huir más, y fue cuando comenzó a escuchar aquellas palabras. Suaves, firmes y decididas. No podía creer lo que estaba pasando. Según iba escuchando, la tensión iba mutando, su cuerpo se relajaba, la respiración dejó de ser nerviosa sin perder el ansia, el regusto del dolor volvía a tener esa sensación placentera, el grito que le nacía de dentro se convirtió en un incontenible gemido, se secaron las lágrimas. Su cuerpo estaba aprisionado contra el poste de la cama por otro cuerpo que la envolvía, de nuevo se sintió protegida, y que toda su confianza regresó para llenarla.

La mano entre sus piernas certificó el asombroso giro. Todo su estado había cambiado. Y los minutos volvieron a pasar del modo acostumbrado. Pero nunca olvidó de aquella tarde en la que se paró dolorosamente el tiempo."

Fue la primera vez que apliqué un catigo. Desde entonces, sólo lo volví a hacer en una ocasión. No sé, no he sentido necesidad de modificar conductas de otro modo, siempre he visto un camino alternativo que se me antojaba más eficaz. Y aunque hago un análisis muy frío para evaluar ciertas acciones, al final dejo que las sensaciones tengan su peso en la decisión final.

Aquel día tenía meditado que en la próxima ocasión que cometiera una falta la iba a corregir así. Y últimamente, se sucedían demasiado a menudo, supongo que por haber caído en cierta complacencia derivada de la costumbre. A pesar de los avisos, no ponía cuidado. Sin embargo, el final de todo ello derivó en una grata y absolutamente inesperada sorpresa, tanto por su parte como por la mía. No lo he vuelto a repetir un cambio de espíritu  tan brusco con tanta intesidad; pero aprendí cuan al filo se juega en ocasiones, y lo tenues que son las fronteras que se visitan. Quizá el embrujo de todo esto radique ahí.

domingo, 20 de febrero de 2011

Un comienzo

...póntelos ya....

La voz sonó amable, casi solícita, pero la mirada no dejaba lugar a dudas. Lentamente, se quitó el zapato plano, y comenzó a calzarse esos dos tacones infinitos, a los que parecía haberles nacido una pequeña base para alojar los pies.

Hacían juego con su atuendo negro....medias de gasa, vestido vaporoso, un breve corpiño, el pelo oscuro, cayendo sobre los hombros hasta el pecho desafiantemente levantado, los labios rojos, los ojos húmedos. Unos ojos que ahora estaban casi a la altura de aquellos que continuaban ordenando en silencio. Para completar el atuendo, una cinta ancha de raso, también negra, dio varias vueltas sobre su cabeza, dejandola en la más absoluta oscuridad.

Una mano la asió con firmeza y suavidad de su brazo, al tiempo que otra se apoyaba en su cintura y la guiaba por el estrecho paso. Al llegar a la pared, le hizo levantar las manos y apoyarlas en ella a ambos lados de su cabeza. La mano que estaba en su brazo bajo hasta su vientre, y le hizo sacar las caderas hacia atrás, al tiempo que su torso se inclinaba ligeramente hacia adelante. La mano de su espalda se metio bajo el vestido, y llegando hasta su monte de venus por entre sus piernas, lo asió con fuerza y tiró de el hacia atrás, fijando su cuerpo en la postura que el deseaba.

.....abre las piernas.......

Era difícil mantener el equilibrio y la posición sobre el suelo de tarima, pero puso todo su empeño. Comenzaron a pasar los segundos, lentos, eternos, mientras oía ruidos que creía reconocer, y otros que no. Oyó como se acercaba de nuevo, y sintió algo suave y fino enrollarse a su muñeca. Al tiempo, su vestido subió por la espalda hasta su cintura, dejando al descubierto unas nalgas duras, rotundas y firmes, enmarcadas por una ropa interior elegante y tentadora. Una mano acarició los muslos, mientras reconocía el tacto de la caña de la fusta acariciar su entrepierna, dibujando lentamente el contorno de sus labios ocultos.Poco a poco, aumentaba la presión, e invitablmente, su excitación.

Volvio a oir como es alejaba, y los segundos se convirtieron en minutos. Largos, pesados, densos. Insufriblemente eternos. El sonido metálico que de vez en cuando llegaba a sus oídos, hacía dispararse su imaginación.

Algo pasó por debajo de su nariz. Sí, su olfato reconció el olor de las cuerdas. Ese aroma que le volvía loca, que le anunciaba la posibilidad de disfrutar de su actividad favorita. La soga bajo, recorrriendo todo su cuerpo. Recibió unos leves azotes, y después descendió y se situo bajo su sexo; tirando de el hacia arriba; por fin se enrolló alrededor de su pecho, por debajo de sus excitados pezones, los cuales crecían al sentr como aumentaba la presión al tiempo que se sentía suspendida por el tronco....la humedad iba en aumento y los suspiros se convirtieron en jadeos..

De pronto, cesó la fuerza que tiraba de ella, pero la cuerda quedo encajada bajo sus tetas. Volvieron a pasar segundos estirados, nuevos ruidos llegaron a sus oidos, y otra vez, los pasos se acercaban. Apenas iban 20 minutos, y ya la tarde se estaba haciendo muy larga. Y tan sólo acababa de comenzar.........

viernes, 19 de noviembre de 2010

La Plaza (parte de la 4ª etapa)

Esta entrada vio la luz en el sitio incorrecto, en un momento equivocado. Es antigua. Pero la pretensión de Mr_Al entonces, de no ser explícito, le hizo no publicarla en el lugar apropiado. Hoy por fin aparece donde siempre debió estar, aunque corresponde a abril de 2010. Sin los detalles superfluos que entonces la adornaban

Flashback, y la mente atrás. Hacia una noche. La primera noche. La recogí a la salida de su trabajo. Viene corriendo, acalorada, sin arreglar....hay una disculpa en la mirada y algo más. Subimos al coche y vamos sin prisa hacia el hotel, comentando asuntos casuales. Aunque ya nos conocemos bien, hay un aura de ocasión especial que impregna las palabras, las miradas y los gestos. Llegamos y subimos a la habitación. No es un sitio cualquiera; un entorno singular, una arquitectura diferente y una decoración cuidada. Recorre todos los rincones de las estancias y se para ante una mesa baja y ancha que me hace sonreir mientras mi mano acaricia su espalda. Ella pasa la vista por encima de los instrumentos dispuestos encima del aparador. Todo listo para hacer uso de ello según demande la situación, al dictado de mi imaginación. Noto como le recorre un escalofrío al posar la mirada en algunos objetos, mientras otros hacen brillar sus ojos...pero no dice nada. Toma su bolsa en las manos y con un mohín, entre coqueto y zalamero, me pide permiso para arreglarse. Concedido. Conozco su impecable buen gusto y se que merecerá la pena. Pasan los minutos, lentos, silenciosos; no es una espera tensa, antes bien, tiene la virtud de relajar atmósfera, y hacer que se cree una complicidad aún mayor. Por fin aparece. Lista para su Señor. Mirada baja y cuerpo desafiante y orgulloso. Siente mi sorpresa; esta tierna y perversamente bella. Una colegiala elegante y barroca, a quien nada le sobra y nada le falta. El interior se anuncia irresistible, pues se que estará a juego con lo que muestra. He de hacer uso de esa paciencia que ahora tanto me falta y resisto la tentación de siquiera mirar debajo, reservando ese placer para un momento posterior. Con un ademán, le señalo las bolas y le insto a que se las ponga. Lo hace sin titubear. Parecen entrar sin gran esfuerzo. Paso mi mano para asegurar que estén adecuadamente alojadas, al tiempo que compruebo su calor y humedad. La prenda que las tapa es tan suave como la piel que cubre. No levanta la vista en ningún momento. Y salimos a cenar.

Estamos en una ciudad de provincias, centro peatonal, día laborable, ya noche cerrada, pero hay cierta animación. Paseamos a buena marcha (pretendo que note todo lo posible el juguete que lleva en su interior), mientras tomo nota de los lugares que ofrece el recorrido, buscando el sitio ideal para el acto previo que tendrá lugar a la vuelta. Llegamos por fin al sitio escogido, un lugar ambientado y concurrido. Está allí la recepcionista que nos atendió en el hotel, quien nos mira con curiosidad. Subimos y bajamos escaleras para llegar la mesa y sonrío otra vez al notar el efecto de la bolas por los gestos de su cara. Le ofrezco sentarse y lo hace de golpe. El gritito que dio, junto con mi suave carcajada, se escuchó en todo el local. Disfrutamos de la situación toda la cena, y volvimos al hotel. De nuevo subir y bajar escaleras, y nuevos gestos. Y llegamos a la plaza que a la ida había seleccionado como el lugar ideal. Amplia, despejada, relativamente tranquila, pero con un goteo constante de paseantes. Me detengo y le pregunto por las bolas. Dice que ya le resultan incómodas, a pesar del placer que le provocan. Sigue pasando gente. Es su ciudad. Y le digo, allí mismo, en el centro de la plaza, que puede quitárselas. Me mira, sorprendida. En un instante, la sorpresa se torna en lujuria y desafío. Lentamente, abre sus piernas, levanta la falda, aparta la ropa interior y sin dejar de mirarme a los ojos, se saca las bolas. Me pregunta que hace con ellas. Le hago saber que si ha de guardarlas, primero debe limpiarlas adecuadamente. No necesita oír más y las lleva a su boca. Calmada y voluptuosamente. Se toma su tiempo con ellas, mientras por la plaza pasa alguien de vez en cuando. Una vez limpias, me pregunta con la mirada cual es el siguiente paso.. Asimismo, con un leve gesto con la cabeza, le hago saber que sitio mejor que donde las llevaba no hay. Y de nuevo, con parsimonia y cierta solemnidad, las devuelve al lugar en que llegaron a la plaza. Compruebo de nuevo que están bien colocadas y llegamos hasta el hotel. Al subir a la habitación, vuelve a pasar la vista por el aparador junto a la mesa. Dejo la habitación en penumbra y le hago apoyar las manos sobre el respaldo de una silla, con el tronco inclinado hacia delante. Le hago notar que acepto su desafío de la plaza. El escalofrío de antes ha dejado paso al deseo y la excitación.... comienza la primera noche.....

viernes, 17 de septiembre de 2010

Gracias Señor

Llevaba una temporada larga sin líbido. Una serie de desafortunados sucesos encadenados la habían sumido en una somnolencia neblinosa. Nunca creí que un temperamento tan sexual como el suyo podría dormirse así durante casi un mes.

La charla seguía los cauces trillados de los últimos tiempos; ligeramente amena y absolutamente superficial. A pesar de que levanté poco a poco los cuidados que le dispensaba, no parecía responder. Sin embargo, al despedirme, un deje en la voz me resultó familiar. Sí, evocadoramente familiar. Dejarla ir habría sido un error, así que le espeté directamente

"Estás excitada, zorra"

Se hizo el silencio, y al final contestó "Sí, Amo"

Era un momento esperado. Le ordené que se pusiera en posición, y que comenzara a acariciar su generoso pecho. Empezo a suspirar, casi instantáneamente. Estaba más que caliente. Algo en su cabeza volvio a funcionar como de costumbre, y allí estaba, con el flujo resbalando por sus muslos.

Le hice tomar las pinzas, que tanto le disgustan, y se las puso en los pezones y en los labios de su sexo. Y empezó a acariciarse. Pero hoy tenía otros planes. Tras un mes sin correrse, quería sacar a la zorra completamente. Le hice liberar su coño, y martirizar los pezones. Seguía gimiendo.

"Comienza a darte palmadas en tu sexo"

Y empezó a contar

1, gracias Señor
2, gracias Señor
3, gracias Señor
4, gracias Señor

"más ritmo y más fuerza, no las oigo"

5, gracias Señor
6, gracias Señor
7, gracias Señor
8, gracias Señor

..... 25 gracias señor

"quítate una pinza de un pezón mientras acaricias tu coño, puta"

eso hizo incrementarse el ritmo de sus jadeos. No pasaron 20 segundos y ya estaba a punto.

"Señor, por favor, permítame correrme"

"Ni se te ocurra, zorra. Continúa con las palmadas"

26 gracias señor
27 gracias señor

"Y si quieres correrte, hazlo así, palmada a palmada"

"No podré , Señor"

"Maldita zorra, ¿Es que voy a tener que follarte para que te corras?"

No llego a la 30; alcanzo su orgasmo entre gritos y jadeos, y se derrumbo sobre sus rodillas. Se quitó la pinza que quedaba en su pecho, mientras una leve sonrisa permitía salir un inaudible susurro

"Gracias, Señor"

(Mezcla de dos experiencias reales. La esencia en ambas es la misma. Se permite la licencia ¿verdad? )

viernes, 30 de abril de 2010

Primera comunión

Nunca hubo motivo de queja. Al menos, no en el balance entre lo obtenido y lo pendiente. Siempre superó con creces todas las pruebas, y asimiló con holgura las cargas más duras. Con holgura y estilo. Así que realmente, hasta la fecha, nunca hubo de sufrir un castigo por que así se lo hubiera merecido. Por otro lado, el tampoco sentí el deseo de aplicar un correctivo por mero capricho. La propia dinámica de placer y dolor que llevabamos era más que suficiente, y colmaba mis las expectativas, en todos los sentidos.

Ese día , decidí sorprenderla. Sabía que ella contaba con un margen para cumplir sus órdenes y al mismo tiempo salirse con la suya. Y opté por salir al paso. Efectivamente, llegé antes que su autobús, y al recogerla en la estación, vi que no cumplía lo ordenado. No dije nada, pero se lo hice saber con una mirada densa. Ya en el coche, le obligué a abrirse de piernas. Metí la mano bajo su falda, y agarré con fuerza su sexo. Comprobé que la segunda orden tampoco se había cumplido. Retorciendo con dureza, le espeté con voz impersonal: "No has cumplido mis ordenes". Ella arrugo los labios por el dolor, musitó un disculpa y bajó la vista. Estuvo así un minuto largo, eterno, y la solté. Cambio de tema, que le permitió relajarse.

Llegamos al hotel, subimos a la habitación y comenzó el juego. Ni sombra del enfado o del castigo. Ella me dio una agradable sorpresa, que fue debidamente ponderada. Y no detectó la amenaza que pendía sobre su cabeza. Parecia haberse alejado definitivamente. Era el momento.

La levanto de la cama, completamente desnuda, y comienzo a atar sus brazos a la espalda, Nada nuevo, un bondage de lo más común. Ella lo conocía y le encantaba. Las cuerdas, el tacto...todo. Aunque se dio cuenta que esta vez estaban un poco más apretadas que de costumbre. Cuando ya estaba inmovilizada, paso una cuerda por el collar, y la suspendo prácticamente del dosel de la cama. Estaba expuesto su pecho y totalmente a mi merced. La miro a los ojos y simplemente le dije: "Desobedeciste mis órdenes. Debes saber que no has de volverlo a hacer" Palideció y tembló. De repente, tuvo conciencia de lo que se le venía encima. Y se le vino encima. Por primera vez, el dolor no era para ella un preámbulo del placer, si no de más dolor. Chillo, lloró grito y le obligo a callar. En ese instante, no sólo se apago su voz. Se apago toda ella, y se dejo hacer.......

Pasó tiempo antes de volver en sí. Era nuevo y desconocido. Era una primera vez. Aún sigue digiriendo ese castigo, El primero. El que le confirmó intimamente su condición. El que le ha llevado a ser un poco más suya. Su autentica primera comunión

martes, 13 de abril de 2010

Cuaderno de bitácora 8 - Dejando la oscuridad atrás

Decididamente, no comprendo ese miedo tan terrible a equivocarse. Sí, de acuerdo, no es agradable en ocasiones, pero tampoco es tan dramático. Venga a reclamar y exigir el derecho a decidir, pero ¿y el derecho a equivocarse? ¿por que no se reclama con igual fuerza? ¿por que perder la ociasión de aprender de los errores?

En fin, que no entiendo ese afán de vivir centrado sin pasar nunca por los extremos (como no concibo la vida permanente en el filo del universo).

Esto viene a cuento por que estoy disfrutando las consecuencias de una noche equivocada, trufada de decisiones incorrectas. Veasé la cuarta etapa de esta singladura. Desde entonces, volví a pasar por el centro, pero no supe quedarme en el. Sigo encadenado errores con aciertos, y algo toma forma en medio de ese aparente caos. Ha pasado tiempo desde entonces, pero hasta hace muy poco no tuve oportunidad de ver si había aprendido algo de todo aquello. Llegado el momento, salte a la arena con una extraña seguridad en mi mismo. Sí, aspiraba el ambiente, y reconocía intintivamente los terrenos que podía, no podía, y mucho mas importante, que debia y no debía pisar. Tome riesgos, pasee por los extremos, tense la cuerda hasta el mismo pundo donde se rompió aquella noche......sono un estallido, sordo, doloroso, mojado, denso....pero esta vez, pese a su posición fetal, no había desesperación. Ni había soledad. Ni siquiera un temblor, tras toda aquella agitación.

Levemente, pase mis dedos por su espalda; lentamente, con mucha suavidad. Despacio, le di la vuelta, y seque las lágrimas . Y en el fondo de su mirada, supe que aquella negra noche había quedado definitivamente atrás.

Cuaderno de bitácora 8 - Dejando la oscuridad atrás

Decididamente, no comprendo ese miedo tan terrible a equivocarse. Sí, de acuerdo, no es agradable en ocasiones, pero tampoco es tan dramático. Venga a reclamar y exigir el derecho a decidir, pero ¿y el derecho a equivocarse? ¿por que no se reclama con igual fuerza? ¿por que perder la ociasión de aprender de los errores?

En fin, que no entiendo ese afán de vivir centrado sin pasar nunca por los extremos (como no concibo la vida permanente en el filo del universo).

Esto viene a cuento por que estoy disfrutando las consecuencias de una noche equivocada, trufada de decisiones incorrectas. Veasé la cuarta etapa de esta singladura. Desde entonces, volví a pasar por el centro, pero no supe quedarme en el. Sigo encadenado errores con aciertos, y algo toma forma en medio de ese aparente caos. Ha pasado tiempo desde entonces, pero hasta hace muy poco no tuve oportunidad de ver si había aprendido algo de todo aquello. Llegado el momento, salte a la arena con una extraña seguridad en mi mismo. Sí, aspiraba el ambiente, y reconocía intintivamente los terrenos que podía, no podía, y mucho mas importante, que debia y no debía pisar. Tome riesgos, pasee por los extremos, tense la cuerda hasta el mismo pundo donde se rompió aquella noche......sono un estallido, sordo, doloroso, mojado, denso....pero esta vez, pese a su posición fetal, no había desesperación. Ni había soledad. Ni siquiera un temblor, tras toda aquella agitación.

Levemente, pase mis dedos por su espalda; lentamente, con mucha suavidad. Despacio, le di la vuelta, y seque las lágrimas . Y en el fondo de su mirada, supe que aquella negra noche había quedado definitivamente atrás.

jueves, 14 de enero de 2010

Estallido

La voz es queda. No tiene un tono brillante de por si, pero la vibración que suele denotar la excitación o el ansia está ausente ¿o no?. Si, está ausente. Pero hay ansia. Y hay excitación. Agazapados tras una cortina que parece un jirón arrancado de la nube más negra. Se percibe la tensión. Pero la voz, esa voz con un fondo habitual de deseo, ¡es tan queda!. Escupe algunas palabras. La tensión, de nuevo, más presente. Pero no disfruta de la sensación; no disfruta de nada. Un peso invisible, sin forma ni método la aprisiona inmisericordemente. Y la voz, cada vez más queda, luchando por salir. No encuentra alivio en esas palabras, en toda la suave delicadeza que se le brinda. El peso, la niebla, la tensión, el ahogo. Y aparece el primer relámpago. Tiernamente seco, evocadoramente directo, reclamando su condición sin piedad. Silencio denso, oscuro, tras el baño de luz. Y estalla el dique que libera el torrente. Pasan unos segundos , unos minutos inconsolables, lentos, con olor a tierra mojada y a sal seca. La tension cede, el ansia se libera, la excitación crece, y continuan manando la sal y el agua, deshaciendo la nube, el nudo de su alma.......cae rendida, exhausta, a los pies de él, murmurando una letanía en una jerga ininteligible, pero llena de dolor y gratitud. Vuelve a sentir, vuelve a sentirse. Reconoce la senda, en la cual debio refugiarse, a donde debio acudir sin dudar. La voz sigue siendo queda, pero , tenuemente, vuelve a vibrar



sábado, 28 de noviembre de 2009

Cuaderno de bitácora - 5ª etapa Cuerdas

5 etapa El descubrimiento del placer de las cuerdas

Siempre me atrajeron, no lo puedo negar. De un modo u otro, captan mi atención. Y claro, una vez comenzado el viaje, iban a ser una etapa de obligado peaje. Pero me causaron respeto. Desde el primer momento. Intuía que el mero hecho de inmovilizar, aún con toda la potencia y carga símbolica que tiene, por no hablar del efecto real de privar a alguien de ciertos movimientos, es algo más que simplemente atar. Y así es. Quería disfrutar cada paso, pero me faltaron referencias válidas. La visita a la cordelería, a comprar la cuerda, ya me hizo sentir algo especial. El cortarlas a medida, tratarlas, prepararlas, fue como un pequeño rito privado de iniciación (he de dar gracias a las entradas en ciertos foros que dan direciones de compra y tan minuciosamente describen el proceso). Jugué con cadenas, practiqué cierto bondage de pecho.....pero seguía notando que me faltaba algo. No conocía la técnica (atar a alguien, se lea lo que se lea por ahí, son palabras mayores), necesitaba saber que elementos causan sensaciones en los que practican (atadores y atados), y no encontraba el modo de obtener ese conocimiento. Y eso me impedía lanzarme, pese a la disposición favorable de quienes habrían de sufrir mis primeras prácticas.Poco a poco, trabe relaciones que me contaron su experiencia y sus sentimientos en relación con las cuerdas. Obtuve unos magníficos videos (bendito emule) que me mostraron la técnica, y esos pequeños trucos que yo intuía esenciales (y durante la práctica, después, así se revelaron, evitándome un pequeño disgusto). Tras continuar rastreanado por mil páginas en la red (una pista:búsquese por kinbaku en vez de por shibari), di con ellos. Los devoré en dos noches. Y percibí que había llegado el momento. Salté al ruedo, con la complicidad y el deseo de la modelo.....y resultó. Efectivamente, no todo es atar. Las pausas, los tiempos, la correcta ejecución, el cuidado en los nudos, el roce de la cuerda, su olor, la percepción de las sentimientos que generaba en ella (siento una sana envidia por ese modo de sentir, ciertamente)......todo conforman un mosaico de sensaciones muy muy especial. Supose que la primera vez iba a ser única....y lo ha sido. A pesar de las dudas de los primeros nudos, o de tener que repetir varias veces una técnica. El resultado final fue delicioso, espléndido. Y el remate, al esbozar como despedida de la sesión uno de los futuros montajes, el ver que las manos ya iban solas, que el nudo se hacia del modo adecuado, con la tensión justa de lazos y cuerdas.........me hizo comprender que acababa de subir un pequeño Tourmalet, y aún sigo teniendo aire en los pulmones.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Dos semanas - Inicio 4ª etapa - Crisis

A veces parece que pasan meses sin que ocurra nada. Y otrás, en dos minutos parece que cambia tu vida. No creo en el efecto mariposa, como tal, de modo permanente. Pero si se que hay momentos que marcan indeleblemente. Son breves segundos, en ocasiones. Segundos en los que de repente percibo algo que estaba ahí, y no sabía ver, no queria conocer, o simplemente, no tenía constancia de que hubiera llegado ya. Llevo dos semanas barruntándolo. Quizas lleve meses, o años, en una huida hacia adelante. Y hace dos dias, paré en seco. Me vi en el espejo, en todo mi "esplendor". Supe que al menos esta carrera, la había perdido. Que ya no soy capaz de correr de esa manera. Debo pasar quizás a una distancia superior, donde el fondo se adquiere con entranamiento, y la falta de velocidad se suple con experiencia. Fue un flash, breve , intenso, cegador. Todas mis decisiones esa noche fueron equivocadas, pero al menos, al final creo que no dañe a nadie. Salvo a mi propio yo. Siento que no soy el mismo. Incluso, que ya no lo era. Curioso. Hace dos semanas, no admitía patrón, tenía mi propia medida. Hoy no quiero patrón, me aterra ser medido. Volveré al punto de equilibrio. Mejor dicho, a un punto de equilibrio, por que el que tuve hasta hace dos semanas, ya no es el mío.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Palabras especiales

Hay palabras que uso todos los días, que describen tareas y actos habituales o conocidos, y su significado común queda circunscrito a ese ámbito. Sin embargo, a veces se dan circunstancias inesperadas, o mi vida entra por caminos desconocidos, que me abren perspectivas y visiones que, en ocasiones, ni siquiera sospechaba que existieran. Y las visiones y experiencias me llevan a unos mundos que, aún intuyéndolos, y creyendo conocerlos, descubro que son mucho más ricos, profundos y complejos de lo que consideraba que eran. Es entonces cuando algunas de esas palabras, tan aparentemente iguales unas a otras, y sin nada particular en si mismas, se convierten en algo especial.

Entrega es una de ellas. Al 90% de la gente le hablas de entrega, y piensa en correos, el cartero y una carta o un paquete. Unos pocos, sobre todo si practican algún deporte o tienen una visión competitiva de la vida, podrán hablarte de una actitud a la hora de encarar una actividad, una competición, o simplemente, el juego. Otros pocos (muy pocos, ciertamente) irán más allá, y lo podrán vincular a algo consustancial a una relación amorosa, como algo que se establece entre los dos miembros de la relación o, en el caso menos favorecido, de uno para el otro miembro.

Todas ellas son acepciones de la palabra. He aquí lo que dice el diccionario

1. f. Puesta a disposición de alguien una cosa:
entrega de dinero, de mercancías.
2. Ceremonia durante la cual se otorgan premios o condecoraciones:
entrega de diplomas.
3. Dedicación de tiempo y esfuerzo a una actividad o labor:
su entrega al cuidado de los animales abandonados es total.
4. Cada uno de los cuadernos periódicos en que se divide y vende un libro publicado por partes, o cada libro o fascículo de una serie coleccionable:
novela por entregas.
5. Cantidad de cosas que se dan de una vez como parte de un todo mayor:
pagará en cuatro entregas mensuales.

Pero, transitando por uno de esos mundos, descubrí un significado que no cuadra con ninguna de las acepciones expuestas. Se habla de esa Entrega (sí, merece la mayúscula) como de algo sublime, un regalo precioso e invalorable, que todos los habitantes de ese mundo dicen conocer y en cierto modo disfrutar. Como alguien, ahora lo se, muy acertadamente me dijo, “el mejor regalo que puedes tener”. Y por tal tomé esa nueva acepción. Si alguien aún no lo captó, estoy hablando de la Entrega de las personas. Con esos mimbres (es decir acepciones conocidas y el nuevo conocimiento “teóricamente adquirido”) eché a andar. Y quise identificar alguna de mis experiencias en este mundo con esa Entrega. Incluso me permití (pobre optimista presuntuoso) el hablar sobre ella, e incluso entablar discusión y marcar pautas a alguien. Aunque seguía siendo una palabra más.

Alguien, de nuevo, se Entregó a mí. Y esa Entrega parecía ser como teóricamente conocía, y tantas veces leí y me contaron que era. Hasta que ocurrió: vi sus ojos, la lucha contra sus instintos, percibí su temblor, su tono de voz, sus maneras, su disposición, su docilidad, su confianza, su descaro sometido, la ausencia total del pensar en sí misma y su ofrecimiento incondicional. Y en ese momento, tome conciencia de lo que en realidad es la Entrega. Ya no es una palabra más. Ya es Ella.

Parafraseando a Cervantes....

Eso es la Entrega.
Quien lo probó, lo sabe.