Lucía, Lucía, mira que eres puta, Lucía.
Tratando de disimular detrás de una pretendida timidez esa naturaleza que ama servir y ser usada. La mala conciencia que te grita que no sirves para otra cosa cuando cada día te disfrazas de mujer decente. Y no eres más que una zorra destinada a complacer, negando lo evidente, con el descaro que muestras al exhibirte, tratando de aparecer como pudorosa tras el breve camisón mientras los pezones de perra en celo te delatan. Tanto que no puedes evitar agarrarte el coño viscoso y caliente, desvergonzada lúbrica. Te hace perder la cabeza el calor en la mano, la entrepierna mojada, el olor del sexo desatado gritando por poder servir para algo.
Lucía, Lucía, mira que eres puta.
Y solo vales para eso. Para darme aquello que no puedes evitar ofrecer, putísima Lucía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario