Adoptó un nombre diferente, con el indisimulado propósito de remarcar su singularidad.
Así, se mostraba ágil e ingeniosa en los comentarios banales de las rutinas puestas en común.
No le falta cintura, ni recursos para evitar exponerse. Y si se ve vencida, no tiene recato en huir por un rincón.
La pena es que eso no tiene nada de singular. La inconfundible falta de arrojo de cada día. Una más.
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