sábado, 21 de febrero de 2026

Incluso la orquesta es bella

 

El maestro de ceremonias va presentando el universo grotesco y aparentemente explícito en una atmósfera oscura que invita al exceso sin perder la mesura, en un juego en el que lo íntimo se disfraza de una impúdica exhibición para certificar que todo vale sin invadir espacios ajenos.

Y aunque lo bajo, la fealdad y el descaro imperan, nunca se traspasan los límites que dibujan la tolerancia, la complicidad y el mínimo imprescindible de poso y estilo que hacen que todo tenga sentido sin caer en la zafiedad.

La humildad desaloja la complacencia, y por eso resulta tan libre y atractivo.

Nuestros cabarets no son así.
Será porque no tienen orquesta, y el maestro de ceremonias carece de referencia para resaltar lo bello.

Así, sin belleza, queda sólo lo demás.

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