sábado, 21 de febrero de 2026

Espejos, al fin

 

Era algo necesario, enfrentarte ante lo que eres y vas a ser para que olvides y no moleste lo que crees querer o no eres capaz de ser.

Solo así, ante tu verdadera potencia y capacidad puedes descubrir y apreciar la belleza que hay en ti, tan diferente de esa que otros ojos te dibujaron de otra forma que no tiene nada que ver contigo.

Pues no es la belleza del que te mira a la que has de aspirar, sino la que tu ves a través de lo que te haré ser

Pero cada hay menos ojos dispuestos a ser enseñados a mirarse así.

Y nunca serás lo que otro que no te lleva a mirarte quiera que puedas ser.

Incluso la orquesta es bella

 

El maestro de ceremonias va presentando el universo grotesco y aparentemente explícito en una atmósfera oscura que invita al exceso sin perder la mesura, en un juego en el que lo íntimo se disfraza de una impúdica exhibición para certificar que todo vale sin invadir espacios ajenos.

Y aunque lo bajo, la fealdad y el descaro imperan, nunca se traspasan los límites que dibujan la tolerancia, la complicidad y el mínimo imprescindible de poso y estilo que hacen que todo tenga sentido sin caer en la zafiedad.

La humildad desaloja la complacencia, y por eso resulta tan libre y atractivo.

Nuestros cabarets no son así.
Será porque no tienen orquesta, y el maestro de ceremonias carece de referencia para resaltar lo bello.

Así, sin belleza, queda sólo lo demás.

viernes, 20 de febrero de 2026

A vueltas con Marco Aurelio

“¿A qué tienes miedo de perder?
Si nada de lo que tienes te pertenece realmente.” 

La conciencia te pertenece.
El pensamiento te pertenece.
Incluso la percepción te pertenece.

El pensamiento estoico también tiene sus límites.

Puestos a citar a tan acomodable hedonista, me quedo con:

"Si lo que haces no te hace peor, entonces no es malo".

Pues el ser también nos pertenece. Otra cosa es que te pertenezca el cómo ser.

 

Versátil Marco Aurelio, indudablemente indicado para la moral de este tiempo.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Curiosity killed the cat

 

But since I don't like cats (I really hate them), they are not allowed to show its head through my window.

Only perverted eyes with a sound awareness of what they are invited to look.


Pero como no me gustan los gatos (en realidad los detesto), no permito que asomen el hocico en mi ventana.

Solo la mirada perversa de una sólida conciencia de lo que es queda invitada a mirar.