Una de mis rarezas dentro de este mundo es que desde siempre me ha aburrido soberanamente la liturgia convencional.
Y de todo ello, jamás encontré atractivo alguno en los escritos del marqués de Sade. Quizá peque de soberbia, pero encuentro que lo que establece en ellos como excepcional me resultaba algo absolutamente trivial para según qué condición. Como el valor en la mili, son atributos que se dan por supuesto.
Así, frases como
"pero que nos importa la opinión de la gente fría, siempre que nuestras almas, más ardientes y más nobles que las suyas, sepan disfrutar de lo que ellos no perciben."
me parecen desde el primer instante algo así como el impulso exhibicionista del mediocre para escandalizar al que no puede participar de lo que el primero también apenas vislumbra.
Lo que para él pretendiente es un objetivo, para mí es el punto de partida.
Pero bueno, cada uno baja las escaleras como puede.
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