...tanto tiempo esperado. Aún siento las huellas de sus manos en mi
piel. Casi puedo seguir sintiéndolas recorriendome y acariciándome.
Los nervios del comienzo del día fueron duros, he hizo que fueran
desapareciendo. Ha sido extraño asociarle en persona a ese ente
abstracto que me escribe y dicta órdenes al oído. Tenerle delante y
saber que detrás está usted, y la mente perversa que me maneja y que
viene a poseer su propiedad.
Sabía que venía a eso, y precisamente eso era lo que me tenía tensa,
nerviosa y excitada a la vez. Me ha costado ir dejando caer esos nervios
que me tenían en cierto modo bloqueada y que me impedían dejarme llevar
como quería. Pero usted ha sabido cómo hacerlo y poco a poco, me ha ido
llevando a donde quería. Al punto en el que ha ido asomando la zorrita
de mi interior, paso a paso, cada vez más, hasta que ha salido del
todo.Y su cara al verla...lo dijo todo. Es en ese punto cuando ya no ha
habido retorno, cuando ya no respondo de mí, sólo de usted, mi dueño, y
me hizo suya. Fue como usted dijo, "inevitable". Llevada por su voz
suave, autoritaria, por sus órdenes. Por todo usted. Disfruté
entregándome, y complaciéndole, con la mezcla de dolor y placer que me
hacían humedecer. Sentirme suya por completo, abandonándome a las
sensaciones que me iba provocando manejada a su antojo.
...pero el tiempo terminó, dejandome la sensación de que simplemente
todo acababa de empezar y quería más...y más....como la zorrita
insaciable que dice que soy.
viernes, 18 de noviembre de 2016
lunes, 14 de noviembre de 2016
Sin dudar
La ventana daba a una calle con varios edificios. Justo el de enfrente estaba casi vacío, pero aún así era fácil que alguien pudiera ver lo que pasaba tras el cristal. Allé estaba, desnuda, apoyando el pecho generoso en el frío vidrio, arrodillada y con una mano entre las piernas moviéndose vigorsamente.
Le había sido dicho que hiciera lo que estaba haciendo. Trato de evitarlo con una pregunta evasiva, pero la confirmación firme del mandato fue suficiente. Y se subio a la mesa sin dudar.
Pues tiene claro que está destinada a complacer, y obedecer sin dilación es parte de ese destino. Y lo hace.
Siente una vegüenza terrible. También miedo, ese miedo que viene no de lo que le puede pasar si no de saber que es capaz de hacer cualquier cosa que él le mande. Esa falta de voluntad propia le aterra a la vez que nota que le pertenece. No de un modo retórico o literario. Lo siente en su vientre, en cada pensamiento y en cada contracción de su sexo, ahora en permanente estado de humedad.
Vergüenza, miedo y pertenecia que provocan placer, excitación yuna sensación de liberación intensa e inevitable.
La dualidad perfecta de un caracter perfecto. Destinado a complacer. Sin dudar.
Le había sido dicho que hiciera lo que estaba haciendo. Trato de evitarlo con una pregunta evasiva, pero la confirmación firme del mandato fue suficiente. Y se subio a la mesa sin dudar.
Pues tiene claro que está destinada a complacer, y obedecer sin dilación es parte de ese destino. Y lo hace.
Siente una vegüenza terrible. También miedo, ese miedo que viene no de lo que le puede pasar si no de saber que es capaz de hacer cualquier cosa que él le mande. Esa falta de voluntad propia le aterra a la vez que nota que le pertenece. No de un modo retórico o literario. Lo siente en su vientre, en cada pensamiento y en cada contracción de su sexo, ahora en permanente estado de humedad.
Vergüenza, miedo y pertenecia que provocan placer, excitación yuna sensación de liberación intensa e inevitable.
La dualidad perfecta de un caracter perfecto. Destinado a complacer. Sin dudar.
lunes, 7 de noviembre de 2016
Deliciosa sensación
Creo que jamás me cansaré de experimentarla. Notar como poco a poco va tomando forma tangible todo aquello que intuí con anterioridad. Y notar en sus palabras, en el tono de la voz y en los gestos que siente lo que supe que iba a sentir.
Saber antes de que ella lo sepa lo que va a desear, del modo que lo va a desear y en el momento en el que lo va a desear. Y reírme ante lo que en otro entorno, en otras condiciones, sonaría a prepotencia insoportable y sin embargo ahora describe con nítida claridad todo aquello que revuelve su interior y que provoca que mi mirada adquiera el brillo magnético que sólo la contemplación del deseo que brota ahogado entre suspiros incrédulos, excitación y miedo, puede hacer crecer.
Me encanta recordar el pellizco que siento al observar un carácter y saberlo; "es ésta". Me encanta hacerle saber que es ella cuando aún no tiene claro qué le pasa, qué siente, cuando aún las palabras no aciertan a fluir para que pueda explicarme lo que siente a la vez que todas sus sensaciones hablan por ella.
Disfruto adelantándole cada emoción, cada pálpito, provocando su humedad, el rubor, quebrando la voz y controlando el deseo que vibra desde su nuca hasta su sexo. Esa inflamación que acaba por mantenerla todo el día en un estado de semiexcitación al tiempo que su mente siente y acepta que está dejando de obrar siempre según su propia voluntad.
Y llevarla a realizar aquello que le avergüenza de un modo que es imposible sentirse más entregada, generando la necesidad de ir más allá, habilitando la aterradora certeza de que no hay límites y podrá ese aún desconocido, íntimo desconocido, llevarla allí donde no acierta todavía a imaginar.
Además, le gusta. Más que a mí. A pesar del miedo, la perversidad y la distancia. Es imposible estar más cerca.
Y es que lo impensable está por llegar.
Deliciosa sensación
Saber antes de que ella lo sepa lo que va a desear, del modo que lo va a desear y en el momento en el que lo va a desear. Y reírme ante lo que en otro entorno, en otras condiciones, sonaría a prepotencia insoportable y sin embargo ahora describe con nítida claridad todo aquello que revuelve su interior y que provoca que mi mirada adquiera el brillo magnético que sólo la contemplación del deseo que brota ahogado entre suspiros incrédulos, excitación y miedo, puede hacer crecer.
Me encanta recordar el pellizco que siento al observar un carácter y saberlo; "es ésta". Me encanta hacerle saber que es ella cuando aún no tiene claro qué le pasa, qué siente, cuando aún las palabras no aciertan a fluir para que pueda explicarme lo que siente a la vez que todas sus sensaciones hablan por ella.
Disfruto adelantándole cada emoción, cada pálpito, provocando su humedad, el rubor, quebrando la voz y controlando el deseo que vibra desde su nuca hasta su sexo. Esa inflamación que acaba por mantenerla todo el día en un estado de semiexcitación al tiempo que su mente siente y acepta que está dejando de obrar siempre según su propia voluntad.
Y llevarla a realizar aquello que le avergüenza de un modo que es imposible sentirse más entregada, generando la necesidad de ir más allá, habilitando la aterradora certeza de que no hay límites y podrá ese aún desconocido, íntimo desconocido, llevarla allí donde no acierta todavía a imaginar.
Además, le gusta. Más que a mí. A pesar del miedo, la perversidad y la distancia. Es imposible estar más cerca.
Y es que lo impensable está por llegar.
Deliciosa sensación
lunes, 24 de octubre de 2016
La piel (dejar de pensar)
Pienso, muchas cosas. Entre otras, hacerte dejar de pensar
Hazlo. Haz que deje de pensar y llegue a ese estado de ingravidez mental que me hace libre, aun con el cuerpo completamente inmovilizado.
La piel es un mero transductor de sensaciones hacia adentro. Y hacia afuera. Sentir que te ves desde lo alto, con tu cuerpo abajo, a un lado, a la vez que notas el peso del vacío en tus entrañas. De dentro hacia afuera.
Hazlo. Haz que deje de pensar y llegue a ese estado de ingravidez mental que me hace libre, aun con el cuerpo completamente inmovilizado.
La piel es un mero transductor de sensaciones hacia adentro. Y hacia afuera. Sentir que te ves desde lo alto, con tu cuerpo abajo, a un lado, a la vez que notas el peso del vacío en tus entrañas. De dentro hacia afuera.
domingo, 16 de octubre de 2016
Intuición
Me gusta cuando mi intuición me guía. Y me gusta mucho más cuando me hace guiar.
Veo a Alicia cayendo por el agujero con una sonrisa satisfecha.
Deliciosa Alicia. Y deliciosa intuición.
Veo a Alicia cayendo por el agujero con una sonrisa satisfecha.
Deliciosa Alicia. Y deliciosa intuición.
jueves, 13 de octubre de 2016
El brillo del lado oscuro
No recuerdo bien que fue lo que vi. Pues muestra muchas
cosas, y casi todas me gustan. Aunque ver un perfil, una página o unos
escritos y que me guste casi todo no es tampoco tan excepcional. Hay
tantos entornos diseñados exclusivamente para gustar y hacer saber lo
estupendo que es quien lo ha creado, sin nada más detrás. Así que hubo
algo que me obligó a mirar más despacio, a saber por qué todos los
elementos atractivos y dispersos comenzaron a formar parte de un todo
que en cada visita se hacía más y más difícil de ignorar.
El lugar se cerraba en pasado, como el testamento de una vivencia increible que su autor veía imposible volver a experimentar, siquiera de modo parecido. Desgranando aquellas líneas, por encima de lo explícito (llega a ser muy, muy explícito, casi gráfico) reconocí ese aroma. El aroma del carácter y condición que me hacen ser lo que muy pocas personas conocen y menos aún han disfrutado junto a mí. El perfume que me provoca la mirada fría, la presencia amplia, el ánimo posesivo, el deseo perverso y el sabor del poder desatándose lentamente. La certeza absoluta de saber que está hecha para mí, para que la tome y la posea.
Pocas veces, muy pocas, siento esa sensación tan plena. Quiero comenzar a tomarla. No me supone esfuerzo alguno, ni he de planificar ni preparar nada, pues cada paso, cada frase, cada observación fluye de mi interior de un modo natural. Como si hubiera nacido para ese momento, como si ella existiera para ser creada de nuevo en mis manos. Enseguida noto que lo nota. Y noto las dudas, los recelos y el temor ante algo que intuye diferente, grande, ilimitado. El miedo ante un destino que sabe inevitable en manos de otro. Y la excitación que a la vez todo ello le trae, el peso en su vientre, la calma que desaparece y sólo vuelve cuando asume por unos instantes que será lo quiera hacer de ella. La lucha interna, el peso de la razón frente al deseo, el placer frente a lo sensato, la seguridad de lo plano frente al vértigo de los extremos, la quietud cotidiana frente a la fascinación de los momentos que vuelve a imaginar.
Y a pesar de todos los incovenientes, de todas las circustancias que no favorecen, de la locura que le parece volver a dejarse por completo a la disposición del otro, cada vez que piensa en ello la sonrisa ilumina su rostro.
El brillo del lado oscuro que vuelve a traer la luz de nuevo el fondo de su mirada. Y a todo su ser.
El lugar se cerraba en pasado, como el testamento de una vivencia increible que su autor veía imposible volver a experimentar, siquiera de modo parecido. Desgranando aquellas líneas, por encima de lo explícito (llega a ser muy, muy explícito, casi gráfico) reconocí ese aroma. El aroma del carácter y condición que me hacen ser lo que muy pocas personas conocen y menos aún han disfrutado junto a mí. El perfume que me provoca la mirada fría, la presencia amplia, el ánimo posesivo, el deseo perverso y el sabor del poder desatándose lentamente. La certeza absoluta de saber que está hecha para mí, para que la tome y la posea.
Pocas veces, muy pocas, siento esa sensación tan plena. Quiero comenzar a tomarla. No me supone esfuerzo alguno, ni he de planificar ni preparar nada, pues cada paso, cada frase, cada observación fluye de mi interior de un modo natural. Como si hubiera nacido para ese momento, como si ella existiera para ser creada de nuevo en mis manos. Enseguida noto que lo nota. Y noto las dudas, los recelos y el temor ante algo que intuye diferente, grande, ilimitado. El miedo ante un destino que sabe inevitable en manos de otro. Y la excitación que a la vez todo ello le trae, el peso en su vientre, la calma que desaparece y sólo vuelve cuando asume por unos instantes que será lo quiera hacer de ella. La lucha interna, el peso de la razón frente al deseo, el placer frente a lo sensato, la seguridad de lo plano frente al vértigo de los extremos, la quietud cotidiana frente a la fascinación de los momentos que vuelve a imaginar.
Y a pesar de todos los incovenientes, de todas las circustancias que no favorecen, de la locura que le parece volver a dejarse por completo a la disposición del otro, cada vez que piensa en ello la sonrisa ilumina su rostro.
El brillo del lado oscuro que vuelve a traer la luz de nuevo el fondo de su mirada. Y a todo su ser.
viernes, 7 de octubre de 2016
Con alma
Sí, fui demasiado explícito para lo que acostumbro, y no dejé ver casi nada de lo que fluye cuando recuerdo uno de esos momentos especiales. Lo sé. Y lo notó enseguida.
No podía ser de otra forma, pues durante esa tarde maravillosa estaban ambos allí, y vieron lo que no quise dejar ver.
Nunca hasta ahora me había impuesto una censura similar. O mejor dicho, me había escondido detrás de los detalles concretos. Nunca había dejado de lado el aroma del ambiente, la suavidad de la piel, la excitación tranquila del deseo oscuro, la tensión de mil ideas pugnando por tomar de un trago toda esa voluptuosidad incitante, la complicidad a tres sin solución de continuidad, la calma ardiente, la fingida inocencia del gesto que contiene y sujeta la sensualidad desbordante, la disposición fría de la perversión creciente.
Y así, en cada vuelta de la cuerda, en cada gota de cera, en cada azote preciso, en cada descarga suplicada, en cada gota blanca manando del pecho lleno había un retazo de todo aquello, como un beso infinito partido en mil pedazos que se recompone suspiro a suspiro, hasta que se hace el silencio.
Sí, me escondí en un relato sin alma. Y es algo que no se puede tolerar ¿verdad?
No podía ser de otra forma, pues durante esa tarde maravillosa estaban ambos allí, y vieron lo que no quise dejar ver.
Nunca hasta ahora me había impuesto una censura similar. O mejor dicho, me había escondido detrás de los detalles concretos. Nunca había dejado de lado el aroma del ambiente, la suavidad de la piel, la excitación tranquila del deseo oscuro, la tensión de mil ideas pugnando por tomar de un trago toda esa voluptuosidad incitante, la complicidad a tres sin solución de continuidad, la calma ardiente, la fingida inocencia del gesto que contiene y sujeta la sensualidad desbordante, la disposición fría de la perversión creciente.
Y así, en cada vuelta de la cuerda, en cada gota de cera, en cada azote preciso, en cada descarga suplicada, en cada gota blanca manando del pecho lleno había un retazo de todo aquello, como un beso infinito partido en mil pedazos que se recompone suspiro a suspiro, hasta que se hace el silencio.
Sí, me escondí en un relato sin alma. Y es algo que no se puede tolerar ¿verdad?
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