Away from the rightness
Ahead from the sight
Above any idea
Among crowds of pretended twisted minds
crying for the untold.
Just an untold secret,
the one that most of them
will never hold.
The one that will remain untold
forever....although
it has been whispered
softly in your ear.
Over the red field
of the untold secret.
You and me, both...in a painful anger full of joy
I hate you in red, even more
jueves, 9 de marzo de 2017
miércoles, 8 de marzo de 2017
Desde luego
"No me ataré las tetas, ni iré sin sostén por la calle".
"No quiero que me inmovilices atándome, necesito poder moverme"
Claro, faltaría más. Una cosa es ser muy zorra y otra ir llamando obscenamente la atención. No tiene por qué ir de la mano. Así que esas eran parte de las condiciones que marcaba cuando empezamos a llevarnos especialmente bien. Muy razonables, por cierto.
-"Vete al baño y ponte los cordones, zorra, y no te los quites hasta que te diga"
-Mmmmm, ¡cómo me gusta!
- "Te vas a volver adicta a atarte las tetas"
- Jajajajajajaja, que problema....
-"Hace casi dos meses lo era"
-Ya, pero como bien has dicho, me has encontrado el punto. Me guste o no reconocerlo......lo has hecho.
Y se ató las tetas y se quitó el sostén. Primero en casa, después por la calle, y en un centro comercial. Y además, llegó a quitarse las cuerdas mientras daba un paseo, llamando obsecenamente la atención. Pero ya no le importa. Le excita. Solo pensar en ello hace que se empape. Y lleva los cordones en el bolso, lista para ponérselos en cualquier lugar en cuanto le llegue la indicación de hacerlo. Pues ese es otro cambio, no hace falta ordenar, solo sugerir, y capta mi deseo al momento y lo satisface.
"¿Te digo lo que me gustaría, no? Me encantaría que con mis cuerdas azules..... me ates las manos a algún poste de la cama, que me digas lo zorra que soy y lo que te gusta que sea así"
Cada vez está más cómoda. Y más sumisa. Más zorra no, es imposible. Aunque bien estimulada, quien sabe.
Mañana saldra de nuevo a la calle con sus cordones azules y los panties con la abertura preparada y nada debajo, mojando sus muslos al pasear.
Obscenamente zorra. Aprendiendo a ser sumisa. En solo dos meses. Y acaba de comenzar.
sábado, 4 de marzo de 2017
Alabanzas privadas a un par de tetas
Reconozco que es una debilidad; cuando veo un par de
tetas que me gustan, soy capaz de inventar la alabanza más absurda para
poder jugar con ellas. Hace unos 282 días lo hice, y glosé las supuestas
bondades de una soplapollas integral sin un átomo de respetabilidad.
Menos mal que luego recuerdo que las tetas levantadas se caen, mientras que las mentes enfermas a partir de cierta edad no se recuperan; entonces, el verdadero atractivo luce en todo su esplendor.
Ah, y es una buena práctica usar palabra de seguridad. Aunque eso ocurrió mucho más allá de 282 días atrás. Claro que alguien que presume de tocar los cojones no recordará algo tan lejano. Yo, sí.
Todo es susceptible de empeorar, gravedad y capacidad neuronal mediante.
Hale, a buscar árnica con la clá. Que no hay que engañarse, la mayoría solo aprecian sus tetas. Mientras estén levantadas, claro.
Menos mal que luego recuerdo que las tetas levantadas se caen, mientras que las mentes enfermas a partir de cierta edad no se recuperan; entonces, el verdadero atractivo luce en todo su esplendor.
Ah, y es una buena práctica usar palabra de seguridad. Aunque eso ocurrió mucho más allá de 282 días atrás. Claro que alguien que presume de tocar los cojones no recordará algo tan lejano. Yo, sí.
Todo es susceptible de empeorar, gravedad y capacidad neuronal mediante.
Hale, a buscar árnica con la clá. Que no hay que engañarse, la mayoría solo aprecian sus tetas. Mientras estén levantadas, claro.
miércoles, 22 de febrero de 2017
Cambio
Me siento cambiar.
Más que eso. Me veo cambiar.
El reflejo del espejo, el color de la piel, incluso el sonido de mi voz y el eco de mis pensamientos cambian. El velo gris que noto en la mirada parece más denso, de un modo físico, palpable, y sin embargo no me oculta ni me protege.
Lo veo, y aunque parece inevitable, no lo es. No en ese modo. O no quiero que lo sea.
Es curioso, mis pulsiones están cada vez más desnudas, son más verdad, y dejan ver aquella parte impenetrable del individuo frío y metódico; la eterna demanda de quienes han compartido el impulso es, ahora que no mira nadie, un hecho.
Quizá he matado cierto misterio, no sé. El atractivo de lo obsceno no es suficiente si no está envuelto en un velo que lo hace tenebroso, incierto, aunque en el fondo se sepa exactamente lo que hay detrás.
Puede que haya perdido el estímulo que me impulsaba de un modo más amplio y como respuesta sea más concreto. También siento que los minutos que quedan no he de malgastarlos en artificios vacuos.
Hay una desconexión indudable. Y lo peor es que, salvo en los instantes de pulsión intensa, ya no me apetece revertirlo. Creo que solo ante otro ser cambiante sentiré de nuevo ese estímulo.
Para mí, definitivamente, es tarde. Al menos hasta que acabe de cambiar.
Más que eso. Me veo cambiar.
El reflejo del espejo, el color de la piel, incluso el sonido de mi voz y el eco de mis pensamientos cambian. El velo gris que noto en la mirada parece más denso, de un modo físico, palpable, y sin embargo no me oculta ni me protege.
Lo veo, y aunque parece inevitable, no lo es. No en ese modo. O no quiero que lo sea.
Es curioso, mis pulsiones están cada vez más desnudas, son más verdad, y dejan ver aquella parte impenetrable del individuo frío y metódico; la eterna demanda de quienes han compartido el impulso es, ahora que no mira nadie, un hecho.
Quizá he matado cierto misterio, no sé. El atractivo de lo obsceno no es suficiente si no está envuelto en un velo que lo hace tenebroso, incierto, aunque en el fondo se sepa exactamente lo que hay detrás.
Puede que haya perdido el estímulo que me impulsaba de un modo más amplio y como respuesta sea más concreto. También siento que los minutos que quedan no he de malgastarlos en artificios vacuos.
Hay una desconexión indudable. Y lo peor es que, salvo en los instantes de pulsión intensa, ya no me apetece revertirlo. Creo que solo ante otro ser cambiante sentiré de nuevo ese estímulo.
Para mí, definitivamente, es tarde. Al menos hasta que acabe de cambiar.
jueves, 9 de febrero de 2017
sweetness
It brings a second verse
The shape of those nipples betweenmy fingers
The weight of your breast resting on my hands
The look of the sking turned to red
The eyes hidden behind the mess of your hair
The smelt of your sex
The bright dark of your mind following mine
The way your way makes me be
The natural shared hate on the tip of my cane
All that sweetness is on my mind.
The shape of those nipples betweenmy fingers
The weight of your breast resting on my hands
The look of the sking turned to red
The eyes hidden behind the mess of your hair
The smelt of your sex
The bright dark of your mind following mine
The way your way makes me be
The natural shared hate on the tip of my cane
All that sweetness is on my mind.
do you know i hate you?
Yes, I hate the way you give that charming point to the most explicit scenes.
I hate the perfect shape of those tantalizing nipples
I hate the sensual curves of your full breast
I hate the pale tone of that inviting skin
I hate the red reflections of your hair
I hate you for being so sexual
I hate the way your luscious mind turns me on
I hate the ideas you bring to me just for being in that way
I hate the naturality of your perversion
I hate how smooth your roughness seems
But over it all, I hate that you are thousand miles away from me.
That is what i really hate
I hate the perfect shape of those tantalizing nipples
I hate the sensual curves of your full breast
I hate the pale tone of that inviting skin
I hate the red reflections of your hair
I hate you for being so sexual
I hate the way your luscious mind turns me on
I hate the ideas you bring to me just for being in that way
I hate the naturality of your perversion
I hate how smooth your roughness seems
But over it all, I hate that you are thousand miles away from me.
That is what i really hate
Dos palabras
Lo supe en el momento que salieron de mi boca. Quizá antes. Sabía que era un error. Hay cosas que no se deben hacer, ni se deben decir, aunque sean verdad. Pues es cierto, la verdad dicha no tiene remedio.
Aquello provocó la misma determinación en ambos, aunque no en el modo de hacerlo. Se hizo evidente en un instante lo que ya estaba interiorizado, y a partir de ese momento comenzó a quedar reflejado en cada mirada, en cada inflexión de la voz, en cada gesto.
Después, no supe asumir las consecuencias de ello. Puede que al ser el enésimo error concatenado, uno más no pareciera relevante, pero aquel marcó el final. Llegó con posterioridad el canto del cisne, placentero, único e intenso, pero ya con el indeleble sabor de que algo estaba irremediablemente roto y la inevitable bajada a los infiernos.
Es posible que pecara de soberbia, de creerme capaz de manejar cualquier situación y todo sentimiento a mi antojo, tanto propio como ajeno, y había dejado de ser así. Lo hice con anterioridad, y no he vuelto a hacerlo. O no de ese modo. Cuando ahora leo el tenue reflejo de lo que llegué a acometer, a veces me asombra la intensidad que desplegaba. Y sobre todo, la continuidad con que lo hice.
Sin embargo, nada es infinito en el hombre. Y aquel modo excesivo de fluir era insostenible. Supongo que la capacidad sigue ahí, y es posible que exista el estímulo que la haga salir como entonces. O con la fuerza de entonces. Porque si hay algo seguro es que nada será ya como antes. Aunque haya aprendido a callarme esas dos palabras, sin importarme si retumban en lo más recóndito de mi interior.
Aquello provocó la misma determinación en ambos, aunque no en el modo de hacerlo. Se hizo evidente en un instante lo que ya estaba interiorizado, y a partir de ese momento comenzó a quedar reflejado en cada mirada, en cada inflexión de la voz, en cada gesto.
Después, no supe asumir las consecuencias de ello. Puede que al ser el enésimo error concatenado, uno más no pareciera relevante, pero aquel marcó el final. Llegó con posterioridad el canto del cisne, placentero, único e intenso, pero ya con el indeleble sabor de que algo estaba irremediablemente roto y la inevitable bajada a los infiernos.
Es posible que pecara de soberbia, de creerme capaz de manejar cualquier situación y todo sentimiento a mi antojo, tanto propio como ajeno, y había dejado de ser así. Lo hice con anterioridad, y no he vuelto a hacerlo. O no de ese modo. Cuando ahora leo el tenue reflejo de lo que llegué a acometer, a veces me asombra la intensidad que desplegaba. Y sobre todo, la continuidad con que lo hice.
Sin embargo, nada es infinito en el hombre. Y aquel modo excesivo de fluir era insostenible. Supongo que la capacidad sigue ahí, y es posible que exista el estímulo que la haga salir como entonces. O con la fuerza de entonces. Porque si hay algo seguro es que nada será ya como antes. Aunque haya aprendido a callarme esas dos palabras, sin importarme si retumban en lo más recóndito de mi interior.
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