Gánate mi tiempo y mi respeto, leo en una presentación. Y me parece de una mala educación y egoísmo considerables.
Lo del tiempo puede ser comprensible, con tanto aburrido como hay por ahí que no sabe aburrirse sin molestar a los demás. Pero lo del respeto....
De pequeño me enseñaron que de entrada se respeta a quien no se conoce. Luego los actos de esa persona pueden hacer que pierdan ese respeto. Pero de entrada , el respeto se tiene y se da.
Claro que también se debe saludar a alguien en el portal de casa, ceder el asiento a ls mayores, observar reglas elementales de urbanidad y preocupase si te sigue un extraño. Y ya no se hace.
Quizá por eso el respeto ya no se da sin preguntar. Eso sí, aún saludo a los vecinos en el portal. Aunque solo responda el eco.
¡Qué mundo más brat!
Lo del tiempo puede ser comprensible, con tanto aburrido como hay por ahí que no sabe aburrirse sin molestar a los demás. Pero lo del respeto....
De pequeño me enseñaron que de entrada se respeta a quien no se conoce. Luego los actos de esa persona pueden hacer que pierdan ese respeto. Pero de entrada , el respeto se tiene y se da.
Claro que también se debe saludar a alguien en el portal de casa, ceder el asiento a ls mayores, observar reglas elementales de urbanidad y preocupase si te sigue un extraño. Y ya no se hace.
Quizá por eso el respeto ya no se da sin preguntar. Eso sí, aún saludo a los vecinos en el portal. Aunque solo responda el eco.
¡Qué mundo más brat!


Es tan gráfica que no necesita adjetivos, y tan versatil que admite figuradamente receptores de la acción que extienden más allá de la sensación fisica el efecto del acto.
Es más, en una sublime pirueta, se asocia al acto de provocar las sensaciones del verbo sin que medie contacto físico alguno, y se experimente de ese modo una disposición y estímulo aún más potente que las que provoca el mero desempeño animal.
La humedad sin contacto, resbalando como lágrimas internas ardientes que inflaman la dureza del vientre sin que la piel llegue a sentir nada, electrizando cada rincon del cuerpo y desbordándose muslos abajo sin remisión.
Una humedad ajena e interior que quita el sentido y abre la voluntad inabarcable de más y más sin noción ni deseo de límite.
Tan intenso, que el acto primordial parece una nadería ante lo que provoca y promete la mente con los ojos cerrados y los brazos abiertos. La desnudez absoluta que sólo se siente en el interior.
Lo demás, parece dar igual. Pero es solo el principio. Me encanta follar, sí. Y a ti también ¿verdad?