sábado, 15 de enero de 2011

Nada es para siempre

Bueno, nada, nada....tan sólo la muerte, pero es algo tan absoluto y definitivo que creo que queda fuera de toda clasificación.

Hay momentos caprichosos, y a veces se dan en poco tiempo una acumulación de sucesos iguales. Hechos poco comunes que se repiten en un corto periodo, de un modo que posiblemente no se vuelva a dar. Como creo poco en la casualidad, estoy convencido de que lo que ocurre es que se dan las circustancias que facilitan el fenómeno. ¿A que viene este rollo? Pues a raiz de que la semana que acaba se está conviertiendo en una acumulación de despedidas y finales. De todo tipo, pero, básicamente, de relaciones que fueron, iban a ser, estaban siendo y quisieron ser. Todas a la vez. De formas y maneras diferentes, pero con un demoninador común; se acaban. Algunas fueron drásticas, otras cortantes, unas no fueron explícitas y otras ni siquiera necesitan contacto para saber que no lo volverá a haber.

En el medio de todo ello, está este yo, y su alter ego, y quizá la necesidad de hacer tabla rasa. Pero no es casualidad. Hay factores que lo explican, y con toda probabilidad, lo he ido provocando, más o menos conscientemente. En cualquier caso, prevalece ese sentimiento de final. Las sensaciones asociadas quizá den para una nueva entrada.

A todas aquellas que estuvísteis involucradas, un beso...y un azote, claro.

jueves, 6 de enero de 2011

Milady's request

A veces, los deseos se cumplen sin hacer esperar.

¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
No tener que trabajar para vivir

¿Cuál es su miedo más grande?
El no poder valerme por mi mismo.

¿Cuál es el rasgo que más deplora de usted mismo?
La tibieza a destiempo

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?
Creí que era atrevido, pero el mayor aún no ha llegado, aunque lo tengo en mente.

¿Cuál considera que es actualmente la virtud más sobrevalorada?
La fidelidad

¿Qué es lo que más le disgusta de su apariencia?
Que sea el espejo de mi alma

¿Cuáles son las palabras que más usa?
Sin duda, lo se

¿Qué es de lo que más se arrepiente?
De lo que no hice y ya no será igual

¿Cuál considera que es su estado actual de ánimo?
Decaído

¿Cuál es su posesión más preciada?
Mi intuición

¿Cuál considera que es la peor miseria?
La falsedad premeditada

¿Con qué personaje histórico se identifica?
Depende del día. Probablemente dijera con cual me gustaría identificarme, que es otra cosa

¿Cuál es la cualidad que más le gusta de una mujer?
Pues esa, que sea una mujer, por encima de la persona

¿Quién es su héroe de ficción?
Corto Maltés....aunque tanto como héroe

¿Cómo le gustaría morir?
Sin darme cuenta

¿Qué apodos tiene?
Están todos en desuso, aunque alguien me dice “mandón”

¿Dónde y cuándo es feliz?
En un campo de fútbol, dominando el partido

¿Cuál es el rasgo de personalidad que menos le gusta de un hombre?
El tener que aceptar esa camaradería masculina ...es algo tan cuartelario

¿Qué o quién es el más grande amor de su vida?
Yo. Soy un egoísta contumaz.

¿Cuándo miente?
Cuando he de hacerlo, naturalmente.

¿Cuál es su idea de la muerte?
Nada. El vacío absoluto.

¿Qué no perdonaría?
La traición

¿Qué le hace reír?
Una charla inteligente tiene momentos estelares. Y Faemino y Cansado, claro.

¿Qué te hace llorar?
Ciertas melodías. Y la rabia intensa.

¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?
Hace mucho de eso, ya no me acuerdo

¿Para usted qué es un buen insulto?
Imbécil....marcando bien las sílabas en el momento adecuado.

¿Cuál es su idea de la fidelidad?
Muy valorada por los dueños de los perros. Como la nobleza. Herencia de la cultura judeo-cristiana. A extinguir, espero.

¿De quién le gustaría leer las respuestas a este cuestionario?
De la mujer del otro lado del cristal. Sin duda alguna

sábado, 18 de diciembre de 2010

Los dos extremos

El encuentro respondía a las expectativas. Desde el primer momento. Apareció en el lugar de la cita, con el abrigo ciñendo el cuerpo, la piel del rostro brillante, la boca carnal y en los ojos una mezcla de curiosidad y temor. Un torrente de voluptosidad y calor cuidadosamente vestida para la ocasión y con la mirada baja.

Desde luego, es una real hembra. Su cuerpo rotundo, generoso, redondo, magnífico, aprisionado en ropa de color negro que destaca unas formas excesivas. Deliciosamente excesivas. Aun así, no era una visión explícita. Rezuma sensualidad en cada gesto, ese aura que sólo encuentro en la mujer mediterranea. Una auténtica come-hombres, sí. Una devoradora que anuncia en cada poro de su piel el deseo que despierta en todo aquel que la ve.

Y ese prodigio de la naturaleza viene a hasta mi para ser sometida. Su mente anhela experimentar el mismo efecto que su cuerpo produce en los que la miran, ya sean hombre o mujer. La sensación de rendición incondicional que embarga a todo aquel que desee experimentar los placeres que esa esplendorosamente dispuesta estructura de piel y músculos anuncia.

Me ve sentado, tras el biombo, e intuye que soy yo. Se acerca, y percibo que toda esa seguridad que mostraba un segundo antes se ha desvanecido. Ya está por fin ante mi, y como supuse, no aguanta ni dos segundos la mirada. Rie nerviosa, se quita el abrigo, que libera toda su desbordante femineidad, y se sienta en el lugar que le ofrezco.

La conversación arranca sin fluidez. El juego de miradas lo abarca todo. La tenso, la libero; se enerva y relaja a intervalos regulares, y va teniendo un anticipo de lo que le espera. Por mi parte, me exijo toda mi capacidad de dominio para no sucumbir ante tales encantos. Una lucha excitante que sin embargo no debo dejar que se asome a mis ojos. A duras penas lo consigo, y siento como poco a poco va cediendo a mis acometidas, como su mente reconoce a la mía, y encuentra ese lugar conocido tras tantas y tantas charlas en el que se siente cómoda y protegida.

Más tranquila, recupera cierta presencia y trata de sacar sus armas. Le pregunto por las órdenes que tenía encomendadas. Para mi sorpresa, me anuncia que no viene como debiera. En ese instante, le hago poner de pie, apoyando la manos en la mesa y, con el cuerpo inclinado hacia adelante, le obligo a separar las piernas para verificar sus palabras. Lo hace mientras se preocupa por el hombre de la mesa de enfrente, que podría intuir perfectamente lo que está ocurriendo. Paso la mano entre sus muslos, noto su entrepiena húmeda, y la ausencia del plug en su entrada trasera.

Le doy dos azotes, y le digo que se siente. Muy lentamente, le explico que ha cometido una falta grave, y que habré de castigarla por ello. Agacha la mirada, y aunque trata de desafiarme con sus palabras, la obligo a plegarse a mis exigencias. Mientras acaricio su pecho, noto que baja la mirada, de nuevo, con una timidez impropia en un tipo de mujer como el tengo delante. Veo mi mano aprentando con firmeza mientras fija sus ojos en la mesa, entre pequeñas exclamaciones de sorpresa, y algo más. En ese instante, por fin, se encuentran los dos extremos que tanto tiempo se han deseado tocar.

Sí, indudablemente, es el maravilloso preludio de una jornada muy especial.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Se que esto tiene un nombre

Se que esto tiene un nombre. No me preocupa cómo se llama. Puede que haya una docena de palabras adecuadas para denominarlo, recibiendo un matiz de cada una de ellas. Es una niebla fría y densa que no deja un poro de la piel sin humedecer. Como la niebla real, cala hasta los huesos, y penetra inexorablemente, por cada hueco, cada resquicio, encogiendo todo lo que encuentra a su paso.

Como la niebla espectral, que se asocia incoscientemente al Londres de hace dos siglos, ocultando a Jack el destripador, a los contrincantes de Mr Holmes; a esa mezcla tan flemática del esplendor y la miseria de un imperio. Una fauna uniformada en una callada noche gris, donde el silencio se hace jirones a las puertas de las tabernas donde Dorian Gray acudía a saborear la hez insana del mal con su máscara de radiante e incorrupta belleza. Esa oscuridad que alentaba a las almas serenas a expiar una vida ordenada en brazos del Mr Hyde oculto en ellas. Un contrapunto brutal, el contraste entre la bondad de la máscara y la pervesidad que anida puertas adentro. Tan adentro que muchos sólo viven el teatro de una realidad fingida, ignorando, consciente o involuntariamente, el ominoso sueño que aguarda la chispa que prenda el incendio que abrasará eternamente el resto de su existencia.

Si, todo esto tiene un nombre. Me da igual cual es. Existe. Cada mañana veo en el espejo sus huellas en el fondo de mi mirada.En la retina guardo el cuadro que recoge todos los cambios que experimento, y que mi fisnomía, a duras penas, aún consigue ocultar. Siento que cada vez hay más gestos que me delatan, que Jekyll y Hyde no son dos caras de una misma moneda, y que existen infintos hilos que tienden puentes cada vez más evidentes entre dos mundos que pretendía mantener estancos.

Ahora que quisiera poder nombrarlo, reconozco con temor,con miedo lo que está pasando.Ignoré todos los avisos,y ahora mi mente empieza a decirme a través de mi cuerpo que no debo seguir así. Se que he de parar. Cada vez que siento la opresión, el ansia, la laxitud, se que no puedo retrasarlo más. Sí, he de pararlo. Pero ¿cómo? Si ni tan siquiera se su nombre

sábado, 11 de diciembre de 2010

De vuelta

De vuelta a la senda dulce
con trasfondo ácido,
de ribetes descarados
y amarga permanencia

al estado reconocible
que la vista espera
ese que el ojo experto
disecciona, y deja fuera

un fondo altivo
sin apenas grandeza, sin sustancia,
un vahido

es todo pereza,
incapacidad sin sentido;
una muerte que apenas comienza

viernes, 19 de noviembre de 2010

La Plaza (parte de la 4ª etapa)

Esta entrada vio la luz en el sitio incorrecto, en un momento equivocado. Es antigua. Pero la pretensión de Mr_Al entonces, de no ser explícito, le hizo no publicarla en el lugar apropiado. Hoy por fin aparece donde siempre debió estar, aunque corresponde a abril de 2010. Sin los detalles superfluos que entonces la adornaban

Flashback, y la mente atrás. Hacia una noche. La primera noche. La recogí a la salida de su trabajo. Viene corriendo, acalorada, sin arreglar....hay una disculpa en la mirada y algo más. Subimos al coche y vamos sin prisa hacia el hotel, comentando asuntos casuales. Aunque ya nos conocemos bien, hay un aura de ocasión especial que impregna las palabras, las miradas y los gestos. Llegamos y subimos a la habitación. No es un sitio cualquiera; un entorno singular, una arquitectura diferente y una decoración cuidada. Recorre todos los rincones de las estancias y se para ante una mesa baja y ancha que me hace sonreir mientras mi mano acaricia su espalda. Ella pasa la vista por encima de los instrumentos dispuestos encima del aparador. Todo listo para hacer uso de ello según demande la situación, al dictado de mi imaginación. Noto como le recorre un escalofrío al posar la mirada en algunos objetos, mientras otros hacen brillar sus ojos...pero no dice nada. Toma su bolsa en las manos y con un mohín, entre coqueto y zalamero, me pide permiso para arreglarse. Concedido. Conozco su impecable buen gusto y se que merecerá la pena. Pasan los minutos, lentos, silenciosos; no es una espera tensa, antes bien, tiene la virtud de relajar atmósfera, y hacer que se cree una complicidad aún mayor. Por fin aparece. Lista para su Señor. Mirada baja y cuerpo desafiante y orgulloso. Siente mi sorpresa; esta tierna y perversamente bella. Una colegiala elegante y barroca, a quien nada le sobra y nada le falta. El interior se anuncia irresistible, pues se que estará a juego con lo que muestra. He de hacer uso de esa paciencia que ahora tanto me falta y resisto la tentación de siquiera mirar debajo, reservando ese placer para un momento posterior. Con un ademán, le señalo las bolas y le insto a que se las ponga. Lo hace sin titubear. Parecen entrar sin gran esfuerzo. Paso mi mano para asegurar que estén adecuadamente alojadas, al tiempo que compruebo su calor y humedad. La prenda que las tapa es tan suave como la piel que cubre. No levanta la vista en ningún momento. Y salimos a cenar.

Estamos en una ciudad de provincias, centro peatonal, día laborable, ya noche cerrada, pero hay cierta animación. Paseamos a buena marcha (pretendo que note todo lo posible el juguete que lleva en su interior), mientras tomo nota de los lugares que ofrece el recorrido, buscando el sitio ideal para el acto previo que tendrá lugar a la vuelta. Llegamos por fin al sitio escogido, un lugar ambientado y concurrido. Está allí la recepcionista que nos atendió en el hotel, quien nos mira con curiosidad. Subimos y bajamos escaleras para llegar la mesa y sonrío otra vez al notar el efecto de la bolas por los gestos de su cara. Le ofrezco sentarse y lo hace de golpe. El gritito que dio, junto con mi suave carcajada, se escuchó en todo el local. Disfrutamos de la situación toda la cena, y volvimos al hotel. De nuevo subir y bajar escaleras, y nuevos gestos. Y llegamos a la plaza que a la ida había seleccionado como el lugar ideal. Amplia, despejada, relativamente tranquila, pero con un goteo constante de paseantes. Me detengo y le pregunto por las bolas. Dice que ya le resultan incómodas, a pesar del placer que le provocan. Sigue pasando gente. Es su ciudad. Y le digo, allí mismo, en el centro de la plaza, que puede quitárselas. Me mira, sorprendida. En un instante, la sorpresa se torna en lujuria y desafío. Lentamente, abre sus piernas, levanta la falda, aparta la ropa interior y sin dejar de mirarme a los ojos, se saca las bolas. Me pregunta que hace con ellas. Le hago saber que si ha de guardarlas, primero debe limpiarlas adecuadamente. No necesita oír más y las lleva a su boca. Calmada y voluptuosamente. Se toma su tiempo con ellas, mientras por la plaza pasa alguien de vez en cuando. Una vez limpias, me pregunta con la mirada cual es el siguiente paso.. Asimismo, con un leve gesto con la cabeza, le hago saber que sitio mejor que donde las llevaba no hay. Y de nuevo, con parsimonia y cierta solemnidad, las devuelve al lugar en que llegaron a la plaza. Compruebo de nuevo que están bien colocadas y llegamos hasta el hotel. Al subir a la habitación, vuelve a pasar la vista por el aparador junto a la mesa. Dejo la habitación en penumbra y le hago apoyar las manos sobre el respaldo de una silla, con el tronco inclinado hacia delante. Le hago notar que acepto su desafío de la plaza. El escalofrío de antes ha dejado paso al deseo y la excitación.... comienza la primera noche.....

jueves, 18 de noviembre de 2010

Sin descanso

Será la falta de sueño. Esta noche el descanso no quiso envolverme, y ya desde antes de incorporame iba arrastrando los pies. Si, es el cansancio, seguro. No tiene otra explicación. No, no puede haberse agotado todo ese torrente de energía en un suspiro. La lucidez no se va en los vuelos de una ráfaga de viento. La mirada acerada y precisa no se desafila por tener que pasar infinitas veces entre las pestañas.

Sí, sin duda es el cansacio. Pero he vuelto a poner a Bil Evans durante todo el día. Me rodeo con esa suavidad que suena a derrota, a dulce derrota.Y me invade la sensación de que el destino si existe, y todos tenemos uno.....y no podemos hacer nada para huir de el. No.No es cierto. No es debilidad. Tan sólo, que estoy cansado. Pero ¿por qué esa música activa los mismos circuitos que quiero desconectar en los breves foganazos de consciencia? No se, es más cómodo dejarse llevar. Dejar de hacer. Sí, claro que sí. Es que estoy cansado. ¿Cómo no me di cuenta antes?

Cansado, sí, pero ¿de qué?

Polka dots

Estoy tirado en el sillón, y me baña la luna con sus rayos...siento el polvo de la presencia que se fue, y siempre estará.

Mañana, si consigo dormir, todo lo que pasó por mi mente me parecerá irreal. Pero eso será mañana.