miércoles, 19 de noviembre de 2014

Dulce inspiración

Supongo que cuando se siente más lo que pasó que lo que está por venir es el momento de cerrar una etapa. Máxime si esa sensación se prolonga en el tiempo. Y aunque la envolvente pueda parecer que marca los ritmos como de costumbre, en realidad la corriente principal deriva hacia otras latitudes.

Hace tiempo que esa es la percepción que tengo del señor que gusta de dar azotes (hoy me han regañado vehementemente por la manía de poner lo de mayor, que aún no lo soy, que para eso me falta, que si me hago la víctima....puede que tengan razón, así que lo de mayor queda fuera, aunque cada vez esté más cerca). El pasado me hace visitas recurrentes, y lo recibo con nostalgia. Y eso no lleva a ninguna parte, más allá de la autocomplacencia. Y se convierte en una pesada carga que consume energías que no traerán nada ni al cuerpo ni al espíritu, pues es algo que fue, y ya no es.

Este blog es parte de ese lastre. Si bien estoy retratado, y mucho más fielmente de lo que incluso quienes me conocen han sido capaces de ver (no soy tan opaco, está todo ahí), es una imagen de quien fue. Por supuesto que mucho de eso queda en mí, pero hay cosas nuevas que toman el lugar de otras que han dejado de ser, o mejor dicho, han pasado al final del cajón y tendrán difícil salir. Hay quien me lee y quiere ver en nuestras charlas a aquel yo que escribía tres o cuatro años atrás, o incluso hace unos meses.....y ese ya no estará.

"Nada somete tanto como el cariño"
Esta frase fue fundamental en su día, antes de que mi piel tocara otra piel con deseos perversos. Marcó el modo de establecer lazos en casi todas mis relaciones, y fue uno de los elementos principales casi hasta ayer. Sin embargo, con el tiempo noté que ese era el objeto de deseo no confesado en cada acercamiento que tenía, y que me llevaba una y otra vez a más de lo mismo. Pero en los últimos meses me di cuenta que ya el resultado no me llenaba, sobre todo tras descubrir en mi última relación una intensidad inusitada, inmensa, fuera de toda medida, que me mostró el rumbo que realmente deseaba tomar. No es que ahora saque a ese cariño del cóctel, sería tanto como sacarme la piel, pero no va a ser un solista principal. Es posible que si hubiera tomado en su día la decisión de no ceder a la tentación de usar el cariño como herramienta mi aventura hubiera acabado como una fantasía más de las que no llegan a materializarse. Pero era algo que me venía tan tan bien, y de un modo tan natural, que me parecía absurdo negarme a mi mismo, aunque fuera en el espejo de otros ojos.

Ahora que decido no darle un lugar principal, puede que el resultado sea que llegue a un callejón sin salida y acabe por abandonar del todo ciertos placeres. Es una posibilidad, y no baja, pues trae consecuencias cruciales en el modo de entender y afrontar como dar salida al deseo. Pero prefiero eso al recorrido insulso de los últimos tiempos, despertando expectivas que nacen más de una ansia incosciente que del auténtico deseo interior. Y para ello lo primero es que se me vea como soy y podré ser, no como fui. Difícil, lo sé, pero no imposible. Más complicado era descubrir en su día al dominante debajo de toda esa capa convencional, y sin embargo, allí estaba, y de allí salió.

En definitiva, este cuaderno se cierra hoy. La mano de MrAl ya no tomará la pluma, salvo en algún momento en que la nostalgia sea demasiado pesada como para ignorarla. Que nada es para siempre.

Para todas aquellas que fuisteis la dulce inspiración de un alma perversa , un eterno recuerdo.



Frases que me gustan

"Leo y releo su correo.
Me excitan hasta sus letras escritas. 

No me reconozco.  

¿¡Qué me a hecho!? ¡¡3 orgasmos !! Señor
No es normal para mi, Señor."


Qué le voy a hacer, hay frases que me encantan cuando se juntan y me suben el ego hasta la luna.

lunes, 27 de octubre de 2014

El reflejo del deseo

El vestido negro es veraniego, ya debería estar colgado en el armario, pero este otoño perezoso estira indolentemente los días cálidos, a pesar de que ya son más cortos que las noches. No lleva puesto nada más, por un lado porque le gusta estar cómoda, y por otro porque la pieza naranja que llevaba entre las piernas hace rato que ya no está allí.

Sólo el vestido, el espejo y ella. Le llega por media pierna, dejando ver su tobillos finos. Pero en ese momento, la parte delantera está arremangada, dejando al descubierto su cuerpo de cintura hacia abajo. Descubierto y expuesto, pues están sus piernas abiertas y la cadera ostensiblemente adelantada, en una posición nueva para ella, pero en absoluto incómoda. El reflejo que le devuelve el espejo así lo atestigua, y los ojos que ve enfrente de los suyos lo corroboran casi con malicia.

Lleva ya un tiempo tocando su sexo. Masturbándose para aquel extraño. Cada vez más cercano, es cierto, pero aún extraño. Sin embargo, la confianza la envuelve, entre las paredes de su casa, y el deseo que la acompaña desde que se ha levantado (y desde varios días atrás) se acumula en la punta de sus dedos. La caricia se vuelve más y más intensa. De vez en cuando intercala unos azotes (mira que pensar que sólo sirven para castigar....si es así, bendito castigo) y poco a poco se va acercando hacia aquello que será a ese ritmo es inevitable que suceda.

Bueno, inevitable....si lo piensa con frialdad, de qué va a ser inevitable, un desconocido dando órdenes, ni siquiera eso, parecen sugerencias, y ella allí sola, de pie, ante el espejo, temiendo que pueda llegar alguien...tanto montaje para hacerse un dedo...pero es que no me siento sola, está ahí, lo noto, y la humedad, la excitación contenida de los días atrás, el deseo. Y no tiene cara, sólo manos, o mano, pero ni que fuera ese dedo el suyo, y mi mirada en el espejo.....

"Te voy a contar hasta quince. Sólo podrás acabar antes de llegar al quince, si no, no te lo permitiré. Y por supuesto, has de pedir permiso. Serás capaz, ¿verdad?"

Desde luego, no lo esperaba, pero tiene buena memoria, hace poco le dije que había tenido esa fantasía, no exactamente así, pero para el caso es lo mismo. Claro que podré, desde luego que sí.

Uno
Dos
Tres
..

Ocho
Mírate a los ojos. No, no los puedes cerrar, mírate, y recuérdate así
......

Doce
Trece

"permiso ....."

Catorce
Quince...adelante....

Unos minutos después, retomado el aliento, mirándose desde abajo a si misma, una pregunta.

- ¿Cómo te has visto en ese espejo?
Me he visto hermosa....

Esa hermosura, más allá de la obvia, es el reflejo del deseo resbalando por la piel. Del deseo pasado, presente y el que esté por llegar. Naturalmente.

jueves, 23 de octubre de 2014

Plasticidad plástica

Plástico plástico. Y pinzas. Y cera.

También las cuerdas. Y la aquella cadena. Los azotes, por supuesto. Y la lencería a juego. La cama con dosel, más cuerdas. Aquella fusta, hoy guardada. El collar rojo. Las tardes, aquellas tardes, todas y cada una la primera en algo.

El pelo, las marcas. Y el cuerpo encerrado tras decenas de vueltas de aquel rollo de plástico. Los ojos, siempre curiosos, siempre confiados. Y la sorpresa de cada día.

Aunque pasaran meses entre cita y cita, la sensación de continuidad, del "decíamos ayer". Nadie necesitaba a nadie. Y al final, va a resultar inolvidable.

Hay que ver lo que me trajo a la mente la visión de un cuerpo enfundado en plástico.

viernes, 17 de octubre de 2014

Caballo viejo

Soy mayor, de eso no hay duda. Más o menos, desde el momento que alguien te pregunta por primera vez por la calle "¿Señor, tiene hora?". Ese tránsito al usted marca una frontera indeleble. Durante un tiempo se suceden los tú y los usted, hasta que finalmente prevalecen poco a poco los segundos.

Vamos, que me puedo mirar al espejo y pensar lo que quiera, en ese sentido eres a los ojos de los demás como te ven. Otra cosa es como seas capaz de sentirte por dentro. Y otra lo que seas capaz de transmitir.

Pero la biología, salvo casos excepcionales, no engaña. Y es absurdo ir contra ella.

Hoy escuchaba una hermosa canción (aunque tan injustamente tratada en decenas de infames versiones), que habla de un caballo viejo y como le cambia el ritmo en los momentos que visita a su potra alazana.

Creo que me encuentro en ese momento en el que ya sí que alguno de los trenes que pasan de largo son efectivamente los últimos. Es posible que eso me haga más intolerante con ciertos actos y disposiciones. Es la sensación de gastar cartuchos con quien no sabe siquiera lo que está pasando.

Algo así dice una de las estrofas de esa canción

"El potro da tiempo al tiempo
porque le sobra la edad
caballo viejo no puede
perder la flor que le dan
porque después de esta vida
no hay otra oportunidad"


O como resumía acertadamente otra canción "A ti te sobra el tiempo y a mi me está faltando una vida"

De nuevo, no me juzguen severamente.

 

jueves, 16 de octubre de 2014

Todo

Todo....que dos sílabas, tan breves.

Todo. Y además, tan mentirosas.

Pretenden abarcar el Universo, y más allá, y se suelen quedar en nada. O peor que nada.

Es una paradoja que el deseo del infinito acabe por provocar el más profundo vacío. Es curioso además el egoismo asociado a ese todo. A quererlo todo. Pero ¿quién es nadie para exigir ese todo? Aunque sólo se muestre como un deseo.

El condicionamiento del todo. El infatigable ascenso al todo. Todo, todo, todo....lo quiero todo.

Lo quiero todo porque te lo doy todo. Y ...¿a ti quién te pide todo?.  De nuevo, el egoismo, sutil, descarado, infiltrado, sin conciencia. Quid pro quo. Todo, y lo mejor, para mi. Y si no, nada.

Que triste. Precisamente una de las virtudes de la infinitud es la amplisima gama de matices para escoger. Y como ninguno somos infinitos, ni perfectos, es imposible abarcarlo todo.

Que absurda idea, la del todo. Que daños provoca, que frustraciones innecesarias, como aplacan el placer, la felicidad. Tan sólo exacerban el deseo de más, y más. Pero ese deseo....¿es necesario cebarlo?. ¿Necesita un objetivo para que se mantenga? ¿En un crescendo sin fin?

Absurdo.

Ahora recuerdo las sabias y bellas palabras del poeta, hechas canción

"La tristeza no tiene fin.
La felicidad, sí.

La felicidad es como una pluma
que el viento va llevando por el aire.
El vuelo es tan leve, pero tiene una vida breve.
Necesita que haya viento sin parar"

Y ni siquiera el viento es infinito. Aunque a veces lo parezca.


Dejo la versión con Vinicius de Moraes. Seguro que tenía el vaso de whiskey en la mano mientras cantaba. Y el sí sabía que lo esencial es sentir poder llegar a todo. Mas no llegar. Nunca llegar. Es preferible entre medias, vivir.

lunes, 6 de octubre de 2014

Las hojas muertas

Indefectiblemente, es una imagen que remite a los días de otoño. El tránsito obligado de la brillantez del verano al encogimiento del invierno. Un trayecto paulatino, de pérdidas, introspectivo, interior. La sensación de final trae de la mano la de término, el recuerdo de lo que se acabó, de lo que no se pudo hacer. Y aún cuando todo es un ciclo, y volverá de nuevo el reino de la luz, el calor y la piel, la vuelta a los cuarteles invernales, aunque traiga la seguridad del refugio, no deja de tener un aroma a retirada.

A las hojas muertas el viento las lleva, las trae, las arranca. Juega con ellas, las arremolina, amontona y dispersa, entre luces vestidas de gris y el anticipo de los alientos helados que en unas semanas obligarán a bajar las cabezas, humillando el gesto tras la protección del abrigo. Del mismo modo parece jugar con ánimos, humores y deseos que el estío casi obligó a salir de sus cuevas. Ahora el tiempo parece encogerlos, casi con severidad, con firmeza e inexorablemente, minuto a minuto, tal y como se pierde un resquicio de sol cada día.

A veces juega tanto que los ánimos se tuercen. Y se vuelven tan, tan negativos. Pero ya lo sabeís, es cosa del otoño, que trae sus propios vientos. No me juzgueís demasiado severamente por ello.