sábado, 23 de diciembre de 2023

Empatía

 

Se define como “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo del otro”; en una segunda acepción, la explica como la “capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimiento”.

¿De verdad existen sumisos que esperan tal comportamiento de su Dominante?

Y...¿algún Dominante que se precie considera apreciable y sustancial esa capacidad?

Por lo que puedo leer, me temo que sí. Aunque, probablemente, quieren decir otra cosa.

Para los buenistas iletrados, observen la semántica de "identificarse" y "compartir".

miércoles, 20 de diciembre de 2023

2013

 A veces parece que fue ayer. Es curioso como lo cotidiano se pone en un primer plano, y los detalles de hoy difuminan sin piedad a los del pasado. Lo hacen de tal manera que la memoria se adapta a lo que actualmente vivo, escondiendo lo que viví. Es necesario que algún matiz exclusivo del ayer retorne con viveza, sin dejarse contaminar por el presente, para que broten las sensaciones de antaño.

Caí, sin premeditación alguna, por una entrada escrita en el año 2013. Y me tomé el tiempo de revisar con calma aquel año. Para empezar, me sorprendió algo que no me había percatado antes. Entre enero y diciembre escribí nada menos que ¡172 entradas! Casi el doble que el siguiente periodo más prolífico. 

 Es cierto que del 12 al 14 fue un trienio asombrosamente fecundo. Pero, aun siendo significativo, no es eso lo más reseñable. No. Lo que verdaderamente me sorprendió fue el aroma que desprende cada entrada, cada línea. Y lo asombroso es que no recordara con viveza ese aroma. Aroma que en ocasiones disfruto, pero entonces era preeminente. Omnipresente, diario, cotidiano. Una cotidianeidad que sí, está muy alejada de la actual. 

Menos mal que siempre tuve claro que no iba a ser siempre igual. Aunque a veces, mirando atrás, no me importaría ser el de alguno de esos días. Aunque posiblemente, hoy me agotaría. Por mucho que quiera creer otra cosa.

2013 fue excelente. Igual en el 33 pienso lo mismo de este año. Quién sabe.

sábado, 16 de diciembre de 2023

Para verlo solo has de mirar

 

Andaba a ciegas. Con el desasosiego que provoca intuir con cristalina claridad y no saber cómo llegar.

Es más, "lo sabes" y a la vez dudas de que pueda existir. Parece una cuestión de fe imposible de materializar. El deseo de iluminación, tan íntimo, se convirtió paulatinamente en el ansia que no deja de torturarte.

Necesitabas ser.

Y conseguiste ser. En una calmada orgía que te enseñó a percibir.
Con una exaltación de los sentidos, de modo que fue como llegar a Dios, alabarlo, aceptarlo, quererlo.

Entre fugas, cantatas, oratorios y preludios, oscuridad y tacto, el aroma a divinidad condiciona percepción y respuesta, alineándolos con el impulso esencial que te hizo venir hasta mí.

Ahora que no puedes ver consigues entender en que consiste mirar.

Estaba tan cerca, ¿verdad?

miércoles, 6 de diciembre de 2023

El vicio

 

El vicio no espera.
Corroe en ausencia, consume en presencia.

Inevitablemente corruptor, ya sea excitando el pensamiento, manchando la palabra, mojando la obra o desesperando en la omisión.

Nunca espera. Y nunca te deja. Una vez te toca, quedas manchado para siempre. Adicto a la suciedad del alma.

Aunque nadie lo sepa, y solo tú puedas verlo.

Degradación eterna.

miércoles, 29 de noviembre de 2023

De los grados del ser

¿Te hace lo circunstancial ser más o menos en esencia? No, solo en probabilidad.

Las circunstancias pueden modularse. La capacidad del ser, no. Puedes o no puedes ser. Sin más.

Esta disquisición vio la luz a causa de encontrarme por enésima vez con la cargante cuestión de ser buen o mal sumiso. Y no creo que nadie deba martirizarse por algo que está fuera de su alcance. Como mucho, podría preocuparse de tener la adecuada disposición o convencimiento. Pero crear las circunstancias que le permitan ser en toda su extensión no están de su mano. O no debieran estar, pues entonces, está detentando el "sometible" parte de las funciones que corresponden al "sometedor". Y no se trata de eso.

domingo, 26 de noviembre de 2023

Supernova (Universo consumido)

 

"Por eso, al recorrer con el dorso de las uñas el interior de tus brazos, abres más las piernas y dejas caer la cabeza invitándome involuntariamente a que lo ponga de nuevo derecho, asiéndote el pelo, y dejando tensa firme la piel del cuello, expuesta, vulnerable.

El aroma del deseo, de la mente pervertida, curiosa, incitante, dispuesta. Inunda la estancia, sin haber llegado a tocarte, apenas rozarte.

Esos labios deliciosos acarician tus lóbulos, oyes la respiración, esperas un sonido que te dirija, te lleve. No hay obligación, pero tampoco voluntad. Empiezas a notar que no necesitas dejarte, vas, y más aún al sentir el suave mordisco donde antes había caricia.

Anticipas, tensa, algo. Un contacto, una palabra, una indicación. El pelo tirante, la piel erizada, las piernas abiertas, la ropa empapada.....

.......y privada de la visión, el tacto, el oído, el olfato....se disparan. Y cuando lo que parece el envés de la mano dibuja tus labios abres la boca, queriendo saborear ya algo de ese intruso que amenaza con invadirte, entera."

Después, un clímax que pareció infinito, pero que apenas explotaba al tragarse de golpe toda la energía que engendró. Deja una bella espiral, y los trazos de una húmeda y aromática intensidad.

¿Puedo pedirle algo?

Es magnífico. Por forma, amplitud, simetría, tono, consistencia.....la voluptuosidad encarnada, trascendiendo incluso el fetiche. Y sensible. Extremadamente sensible.

Ya el obligado instante de tomar la cuerda y hacerla deslizar entre los dedos en toda su longitud, tomando los cabos, se convierte anticipadamente en un acto placentero. El tacto, el olor, el suave sonido del trenzado entre las yemas sensibles son preludio de incitante momento que va tomando forma.

Tras inclinarse ligeramente hacia adelante, sopeso tan divina plenitud, provocando al instante la atención de los pezones, y el no menos delicioso estímulo de las aureolas, que adquieren esa rugosidad propia de los momentos de alta excitación. Las recorro lentamente, con la cuerda ya en la mano, aumentando la dureza, el relieve, la tensión, dejándolas listas para proceder.

Procedo, sin prisa, dejando fluir la cuerda entre los dedos, acomodando la carne plena y palpitante con el dorso de la mano, de ese modo que no por conocido deja de ser único en cada ocasión, y más cuando, como es el caso, se trata de su primera vez.

Los suspiros de excitación y temor se mezclan conforme aumento la tensión hasta el límite justo que es capaz de asimilar (pues, aunque aún no lo sabe, pero pronto lo hará, puede soportar más, mucho más). Nota como la presión es constante y siento como el temor desaparece para dar paso a la intensidad, el deseo sensible, el placer de romper una barrera y dejarse llevar.

Cuando se encuentran los cabos de la cuerda y el nudo que los une da el último toque a la fijación, hace tiempo que sus ojos miran sin ver. Pero lo dicen todo al notar el peso suspendido, flotante, turgente, descansar pulsante sobre mis manos, que acarician con suavidad la redonda calidez que comienza a tomar un tono violáceo, testigo de una intensidad que no para de crecer.

Bastantes minutos después, mientras recorre con un gesto entre malicioso y divertido las marcas del trenzado sobre la base de tan magnífico pecho, me hace la pregunta:

"¿Puedo pedirle algo?"

No es difícil adivinar qué va a ser.