lunes, 2 de marzo de 2026

Sin nombre

Me llamó la atención el título. Y el contenido no desmerece en absoluto a la expectación que me creó. Tanto, que me llevó a rememorar vivencias que dan respuesta a parte de los interrogantes que se plantea la autora.

Sin nombre. Voluntariamente innominados, sin el condicionante que impone el modo convencional de establecer una relación ya desde el primer instante.

Desde esa primera premisa, nada siguió una senda predecible, ni mucho menos definida. Antes bien, al contrario de lo que podría esperar, la falta de elementos supuestamente fundamentales con su falta de referencias, en vez de un obstáculo, favoreció un conocimiento focalizado en aquello que nos unió fuera de toda norma, de toda regla, ajeno a tradiciones y costumbres establecidas en lo social.

Esa falta de axiomas cotidianos permitió construir a voluntad lo que la necesidad demandó. Y el resultado se plasmó en una serie de conceptos, sensaciones, toma de conciencia y materialización que dejaron una huella indeleble, certezas insospechadas, en una vivencia que tuvo sentido dentro de aquello que creamos desde la nada a partir de nuestra capacidad y deseo.

Han pasado décadas, y seguimos sin saber los nombres. A la vez, ambos tenemos la absoluta convicción de que nadie más conocerá del otro lo que llegamos a compartir.

Quizá por eso no se podrá nombrar jamás

No hay comentarios:

Publicar un comentario