Íntegramente de negro. Chaqueta larga tres cuartos, camiseta más holgada que ceñida pero entallada, falda larga de punto hasta los tobillos, botines y probablemente panties, pues no se marca ni una linea bajo la tela que se abraza a cada parte de su cuerpo, sin que esté ajustado.
Traslucen a cada zancada unas piernas largas, torneadas, con muslos firmes, jugando con el vuelo de la falda, que pese a ser tan larga no resulta en absoluto conservadora o monjil. De igual modo, el movimiento natural del pecho queda delicada e inequívocamente enmarcado por la camiseta, o quizá jersey fino, resaltando graciosamente con la voluptuosidad justa, en ese matiz tan sutil que hay entre la la sensualidad y la exhibición.
La veo pasar elegante, segura, natural, con la mirada al frente, consciente de su atractivo discreto, ese que luce cuando se posee la certeza de no necesitar ser impúdico ni ostentoso para llamar la atención.
Aparte de todo lo que provoca esa naturalidad, el negro absoluto en contraste con la palidez de la piel me trae a la mente pensamientos añadidos, de esos que no confieso muy abiertamente.
Y entonces sonrío y pienso cuan infinitamente me alegra comenzar así la mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario