Cada vez las detesto más, a esas imbéciles de lascivia selectiva que confunden el derecho con el descaro, la seguridad con la prepotencia, el carácter con la impertinencia y la frescura con la mala educación.
Así, pretenden arrogarse la prerrogativa de determinar quién puede reaccionar y cómo a sus incitaciones, bastante chuscas, por cierto, y quién no.
Todo menos asumir las consecuencias de sus actos.
Pues todo lo que se exhibe se puede mirar, y el que mira lo hace como le apetece y piensa lo que le da la gana.
Y si no te gusta, mide antes. En tu mano está controlar la causa, pero no censurar el efecto.
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