He decidido no regalar ni una sola margarita más a los cerdos.
A las cerdas, todavía sí. Y a la putas, las perras, las zorras e incluso a las "sumisas".
Dudo que, dado el estado de la nación, sepan qué hacer con ellas. Puede que los árboles dejen ver el bosque. Aunque luego les de miedo entrar en el.
Hostias, si es que no hay nada perfecto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario