Los espejos sí te mienten. Más de
lo que desearías saber. Te muestran la imagen que arrojas, aquella con
la que tratas de conjurar miedos, carencias, complejos, y sin embargo,
aunque haya muchas otras cosas, sueles fijarte en aquello que tratas de
ocultar.
Te mienten, y te ayudan a dar forma a lo que no eres, a lo que no quieres ser.
Los espejos te mienten porque tú te mientes antes ellos. Los espejos
te mienten porque tú deseas que lo hagan. Te mienten porque buscas que
te digan lo que quisieres saber.
Sólo hay un modo de que un espejo te diga la verdad. Pero no depende
de ti, de tu deseo, de tu voluntad.
Sólo cuando el reflejo esté desnudo
de todo ello, cuando no te haya sido posible modelar aspecto alguno de
tu imagen, te dirá la verdad.
Sólo cuando dejas de mentirte te dicen la cristalina e insondable verdad.
Una explosión desbordante.
Exuberancia interior, química quebrada.
Ruptura absoluta.
Aún restalla el eco de los quiebros, simultáneos, profundos, únicos.
El derrame incontrolado , como una signatura obscena, muestra visible de la tormenta desatada.
Te mienten, y te ayudan a dar forma a lo que no eres, a lo que no quieres ser.
Los espejos te mienten porque tú te mientes antes ellos. Los espejos te mienten porque tú deseas que lo hagan. Te mienten porque buscas que te digan lo que quisieres saber.
Sólo hay un modo de que un espejo te diga la verdad. Pero no depende de ti, de tu deseo, de tu voluntad.
Sólo cuando el reflejo esté desnudo de todo ello, cuando no te haya sido posible modelar aspecto alguno de tu imagen, te dirá la verdad.
Sólo cuando dejas de mentirte te dicen la cristalina e insondable verdad.
Sólo en ese momento.
Sólo.