domingo, 21 de junio de 2026

La puta recalcitrante

Nos conocemos hace años. Bastantes. Apenas hay espacio para sorpresas ya. Desde hace tiempo, está enganchada a mí. No sé exactamente por qué. Es mentirosa, manipuladora, atorrante, incansable, persistente, calientapollas. Está buena, tiene un buen cuerpo, y sabe usarlo para salirse con la suya. Vamos, una joya.


Pero como decía, no sé por qué extraña razón, se ha enganchado a mí. Descubrió de mi mano un placer explosivo, intenso, infinito, en el que pierde toda noción y medida. Va acompañado de una humillación profunda, un menoscabo y degradación que fuera de contexto serían delito, y un desprecio manifiesto y patente por lo que es y hay en ella.


Y no puede irse. Puntualmente, viene a buscar su ración. Aparece con dignidad, tratando de alcanzar una posición y respeto que ya desde la primera palabra no se cree. Es consciente de lo puta arrastrada que es, y de cómo paso a paso va a dejar todas sus pretensiones de que la considere y aprecie a un lado conforme su excitación crece. Lo que no suele llevarle más de diez minutos. En ese tiempo, cambia su respiración, cede en su defensa y se abre en canal, a la vez que encharca su ropa interior.


Quiere ser libre. Y nadie le cierra la puerta, ni asegura sus grilletes. Nadie salvo el impulso lascivo e inevitable de puta recalcitrante que no puede vivir sin su periódica ración de humillación placentera.


Quizá algún día entienda en qué consiste realmente esa libertad que cree anhelar.

Nombres

Poner nombres a lo que no parece tener explicación, eso tan extraño que casi resulta imposible que pueda existir es tarea vana.

Vana, pues solo tiene sentido para ti.

Dale el nombre que quieras, y déjate existir.

miércoles, 17 de junio de 2026

Identidades digitales

Me gusta observar, y curioseo bastante. Eso hace que de vez en cuando caiga en algunos perfiles increiblemente elaborados, plenos de antítesis y oximorones buscando trascendencia exclusiva.

La sensación que me queda es la de haber leído una de esas propuestas que responden a los requisitos de un pliego parafraseándolo, sin añadir contenido a lo que se pide, cuidando tan solo el uso las fórmulas, expresiones y palabras de moda.

Como las carátulas y criticas a esos libros comerciales o de autores de "culto" que sugieren estar ante la obra definitiva que va a cambiar por fin el rumbo de la literatura. Esas obras que tras leerlas solo dejan la excepcional sensación de haber perdido el tiempo con un artificio hueco, pomposo y vacío.

Supongo que en el fondo se trata de la versión digital de la clásica práctica de vestir a la mona de seda.

Quizá sea eso, sí.

lunes, 15 de junio de 2026

Querer, poder, mística y presencia.

«Quod natura non dat, Helmantica non praestat», ningún estudio o esfuerzo no puede darle a nadie lo que le negó la naturaleza.


Poner en primer plano la mística, el método, la convicción, el sentimentalismo, la voluntad, la empatía, la cercanía,..... tan solo desnuda a quien no es capaz de ser.


Tanto para dar como para recibir, que para todo es necesario ser capaz.

El sadomasoquismo, sin todo lo anterior, es posible. Disponer de todo ello puede asegurar una velada agradable, mas no las sensaciones inherentes al término.


Todo lo anterior sin embargo no asegura una comunión perversa.


Los principios básicos se soportan en conceptos simples. No hay más.

miércoles, 3 de junio de 2026

El camino a la depravación

No es lo mismo depravarse que ser conducido a lo depravado por otro. Aquello de yo no soy mala, me dibujaron así.

Es similar, la depravación inducida, obligada, carece del agravante de la voluntariedad, aunque se posea el impulso.

Claro que si uno es honesto, tarde o temprano agarrará las riendas de su corrupción, asumiendo su pecado original mientras asimila su condición.

Cuando a veces me preguntan como se conoce a los buenos, suelo pensar en esa coherente honestidad con uno mismo.

Algo tan dificil de hallar. Por eso, en realidad, somos tan pocos.

¡Qué se le va a hacer!

Lucía (oda a una puta natural)

Lucía, Lucía, mira que eres puta, Lucía.

Tratando de disimular detrás de una pretendida timidez esa naturaleza que ama servir y ser usada. La mala conciencia que te grita que no sirves para otra cosa cuando cada día te disfrazas de mujer decente. Y no eres más que una zorra destinada a complacer, negando lo evidente, con el descaro que muestras al exhibirte, tratando de aparecer como pudorosa tras el breve camisón mientras los pezones de perra en celo te delatan. Tanto que no puedes evitar agarrarte el coño viscoso y caliente, desvergonzada lúbrica. Te hace perder la cabeza el calor en la mano, la entrepierna mojada, el olor del sexo desatado gritando por poder servir para algo.

Lucía, Lucía, mira que eres puta.

Y solo vales para eso. Para darme aquello que no puedes evitar ofrecer, putísima Lucía.

El ejemplar extraño

Adoptó un nombre diferente, con el indisimulado propósito de remarcar su singularidad.

Así, se mostraba ágil e ingeniosa en los comentarios banales de las rutinas puestas en común.

No le falta cintura, ni recursos para evitar exponerse. Y si se ve vencida, no tiene recato en huir por un rincón.

La pena es que eso no tiene nada de singular. La inconfundible falta de arrojo de cada día. Una más.