Perfil tras perfil, texto tras texto, me encuentro tu vida en fascículos, la biblia en verso, el deseo diseccionado, las aspiraciones pulcramente detalladas, entre decenas de pretendidas explicaciones con el ánimo de aclarar.
Y en el fondo, salvo dos frases esenciales y eso con suerte, no queda más que justificaciones de lo que se fue o de lo que se quiere y no se podrá alcanzar.
Y sobra. Casi todo, salvo esas dos frases y el aroma que queda entre líneas, está de más.
¿O de verdad crees que es necesario un libro de instrucciones para poderte conocer, asimilar, descubrir, someter?
Basta con mostrar un atisbo de lo que eres, y del deseo que realmente te mueve, o crees que te mueve. No necesito ver más. Con ello me es posible saber si puedes ser tú y si he de ser yo.
Naturalmente, la conversación es necesaria para que pueda verificar que lo esencial prevalece y lo circunstancial no es obstáculo. Y a la vez, para que obtengas una nítida y suficiente noción de lo que puedo hacer de ti, y si hay acuerdo, haré.
El resto es literatura, novela, ficción deseada. Y como es bien sabido, la realidad supera ampliamente a todo lo demás.
Para que no te lleves a engaño.
Hay dos frases que valen en todo el párrafo anterior. Seguro que sabes cuales son.
No hay comentarios:
Publicar un comentario