No tengo una noción clara de cuándo empezó a pasarme con más frecuencia. Porque hallar rasgos parecidos, ya sean de aspecto o de carácter, es relativamente común cuando los objetos de deseo me producen sensaciones ya experimentadas en mayor o menor medida con anterioridad.
Pero de un tiempo a esta parte, ni siquiera necesito de la presencia del estímulo para creer encontrar similitudes en aspecto, expresión, forma o fondo. Lo malo es que a veces me las creo, y además, añado matices que no proceden de la observación sino del deseo de que sea así.
Y claro, no. La imagen que creo acaba por tener poco que ver con lo que percibo, descubro y observo.
Así que no me creas cuando te digo que me recuerdas a alguien. Estoy tratando que seas lo que no puedes ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario