viernes, 21 de noviembre de 2025

Dominación vs dominancia

Me encuentro con relativa frecuencia el uso del término dominancia por dominación en los últimos tiempos.

No son sinónimos, ni significan lo mismo, aunque estén íntimamente relacionadas.

Por ventura, ¿ sabe alguien si se trata de una nueva prostitución del lenguaje, una moda pasajera o simplemente un error gramatical que se ha hecho popular?

Parece lo último, pero con la cantidad de tontería que abunda, igual es lo primero.

jueves, 20 de noviembre de 2025

Dominación y poder

No son para cualquiera, ya sea el ejercicio o la recepción de una de ellas. No digamos ambas a la vez.

Es indudable que para muchos de los que nos encontramos aquí ejercen una atracción hipnótica, sea como sea que se pretendan disfrutar. Llega a ser adictivo, sobre todo cuando se experimentan con naturalidad profunda y esencial.

Admiten diversos matices y grados, que permiten adecuarlo a la capacidad de cada uno. Pero nunca carece, si es de verdad, de algo fundamental: la sensación y certeza de que si llega a ejecutarse en toda su extensión, se trata de algo potente, implacable, inmisericorde, brutal, que puede llevar más alla de toda consideración y límite. Como una permanente amenaza, siempre latente, que en cualquier momento se puede materializar. Eso une la sensación de riesgo a la ecuación, algo que por mucha confianza y certeza de seguridad que se tenga, no deja de estar siempre ahí.

La amenaza, el riesgo, el peligro.... no son un asunto menor. Por eso, cuando leo las idealizaciones acarameladas que hablan de dedicación, empatía, minfulness y similares como atributos necesarios para el dominante, siento que en el fondo de lo que se trata es de despojar a éste de sus caracteristicas primordiales, de forma que sea accesible a los espíritus delicados aquello que no está en su naturaleza asimilar.

Ahí ya no hay poder ni dominio. Es otra cosa. Y me parece legítimo que cada cual busque lo que su deseo le llame a buscar. Pero háganlo sin negar lo que no son capaces de asimilar. Total, nadie les fue a buscar ¿verdad?

sábado, 15 de noviembre de 2025

Los apóstoles de la nada

Hace mucho tiempo, cuando aún no gozaba de renombre como gurú de la sensibiliidad absoluta, alguien a quien aprecio me recomendó uno de sus libros.

La leí. Me provocó cierto desconcierto, pues acabé con la sensación de haber estado al filo de descubrir una verdad trascendente fundamental, y sin embargo, no era capaz de decir que había dejado en mí tan esencial lectura.

Con lo cual, con la esperanza de poder desatascar mi percepción bloqueada, lo intententé con una segunda obra, esta ampliamente alabada, "Tokio blues".

Tampoco se me abrieron las puertas del cielo. En su lugar, me quedó la certeza de que detrás de todo ese virtuosismo formal con pretensión de exclusivismo sibarita, no había nada más que una venta al por mayor del insufrible ego del autor.

Hasta hoy, no había buceado más en el asunto, a pesar de que a veces, cuando me encuentro con el reconocimiento social a su obra, vuelvo a pensar que igual me pierdo algo que no estoy dotado pata captar.

Pero una pantalla de un ascensor, en uno de esos mensajes enlatados que sueltan como breves píldoras para resolver la vida, puso ante mi vista esta frase:

"Lo mejor es la ayuda mutua. Como todos sabemos que somos imperfectos, intentamos ayudarnos los unos a los otros.".

Y todo cobró sentido. Lo importante del mensaje no son "ayuda o imperfección". No, las claves son "mejor, sabemos, intento" y la primera persona del plural apelando a aspectos esrnciales del ser. Vamos, que el apóstol conoce la conducta humana hasta el punto de dar una sentencia de aplicación general sobre la conciencia colectiva, y él ofrece la mejor respuesta. El "ellos y nosotros" y la verdad incontestable.

Por supuesto, sin nada que soporte tan maravillosas tesis. La frase es del afamado "Tokio blues" ya mencionado, y doy fe de que nada, absolutamente nada en esa obra, permite soportar en modo alguno esa afirmación. Pues no hay nada de pensamiento en ella, solo supuestas sensaciones universales.

Un profeta solo florece cuando su mensaje cae como bálsamo de la necesidad. Qué terrible es pensar que la necesidad de esa nada sea tan bien acogida en nuestra sociedad. Será, quizá, un síntoma más.

domingo, 9 de noviembre de 2025

A veces me puede la soberbia

Sí, debería evitarlo, por mucho que parezca cogerme a traición.

Pero es tan difícil de tragar el constante y pretencioso empeño de aquellos que no paran de tratar de dar lecciones y opinar una y otra vez sobre algo que no pueden ver, captar o asimilar.

Pontifican a partir de sus carencias y se quedan tan anchos. Ya, ya sé que para ellos no existe lo que niegan con la cartesianidad del obtuso. Y que por esa misma razón, debería ser comprensivo con su incapacidad.

Pero nunca pude con la estulticia voluntarista de los mediocres, pues es la negación de la razón, la antesala de la barbarie, la uniformidad de la percepción.

Y en un ámbito que precisamente pone en valor esas cualidades que permiten que florezca lo extraordinario, me cuesta admitir que sea la vulgaridad ordinaria la que trate de marcar el paso.

Quizá sea el momento de dejar que se queden con la marca. Pues a los que son de verdad, conocen y confían en su capacidad, dar nombre a la certeza no es algo que necesiten para ser.

Tendré que aprender.

sábado, 8 de noviembre de 2025

El universo de la frontera

"La verdad es que no sé qué me pasa contigo. Me haces pensar en lo que no había imaginado, consigues que quiera lo que se me antojaba imposible, hacemos lo que nunca creí que fuera capaz de hacer. Además, es tan natural que parece normal. Y no lo es, salvo cuando estamos juntos."

Es algo que me dice en uno se esos momentos en los que, tras la intensidad de los instintos desatados y después de asimilar que ciertos actos se den con tanta naturalidad, la calma nos envuelve y la química de la perversidad común se transmuta en complicidad de confesionario.

Me lo dice, y se lo digo, pues no solo ella traspasa fronteras que parecían impensables, improbables, excesivas y desaconsejadas sin que se rompa o quiebre absolutamente nada. Pues ambos sabemos que el que un terreno haya sido conquistado no implica que se deba volver a tomar. Pero no es el acto lo que importa, sino obtener cada vez mayor certeza sobra la capacidad de cada uno y cómo las unimos en una realimentación que no tiene sentido fuera del espacio que hemos conseguido crear.

No hay magia, mística ni sortilegio alguno. No es trascendente, canónico o superior. Carece de todo significado fuera de lo que es en si mismo. No da lecciones de vida, ni nace del misterio de la existencia o de la prostitución de palabras, confesiones, pensamientos o ambientes. No, es tan sencillo que desnuda y expone en su pretenciosa miseria todos los intentos que pretenden clasificar, sistematizar, normalizar, visibilizar, estructurar y definir lo que no deja de ser una relación particular de caracteres afines.

Basta con las imprescindibles gotas de certeza, confianza, capacidad, talento, cercanía, respeto, conocimiento, fetichismo, sensibilidad, sensatez, perversión y saber hacer. Una idea clara de lo que ponemos en común, de qué nos demanda nuestro deseo, la visión compartida de cómo disfrutar de ciertos placeres y el reconocimiento de que lo que hacemos solo es posible por ser ambos quienes somos.

No hay más. Que no es poco ¿verdad?