No son para cualquiera, ya sea el ejercicio o la recepción de una de ellas. No digamos ambas a la vez.
Es indudable que para muchos de los que nos encontramos aquí ejercen una atracción hipnótica, sea como sea que se pretendan disfrutar. Llega a ser adictivo, sobre todo cuando se experimentan con naturalidad profunda y esencial.
Admiten diversos matices y grados, que permiten adecuarlo a la capacidad de cada uno. Pero nunca carece, si es de verdad, de algo fundamental: la sensación y certeza de que si llega a ejecutarse en toda su extensión, se trata de algo potente, implacable, inmisericorde, brutal, que puede llevar más alla de toda consideración y límite. Como una permanente amenaza, siempre latente, que en cualquier momento se puede materializar. Eso une la sensación de riesgo a la ecuación, algo que por mucha confianza y certeza de seguridad que se tenga, no deja de estar siempre ahí.
La amenaza, el riesgo, el peligro.... no son un asunto menor. Por eso, cuando leo las idealizaciones acarameladas que hablan de dedicación, empatía, minfulness y similares como atributos necesarios para el dominante, siento que en el fondo de lo que se trata es de despojar a éste de sus caracteristicas primordiales, de forma que sea accesible a los espíritus delicados aquello que no está en su naturaleza asimilar.
Ahí ya no hay poder ni dominio. Es otra cosa. Y me parece legítimo que cada cual busque lo que su deseo le llame a buscar. Pero háganlo sin negar lo que no son capaces de asimilar. Total, nadie les fue a buscar ¿verdad?
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