El encuentro respondía a las expectativas. Desde el primer momento. Apareció en el lugar de la cita, con el abrigo ciñendo el cuerpo, la piel del rostro brillante, la boca carnal y en los ojos una mezcla de curiosidad y temor. Un torrente de voluptosidad y calor cuidadosamente vestida para la ocasión y con la mirada baja.
Desde luego, es una real hembra. Su cuerpo rotundo, generoso, redondo, magnífico, aprisionado en ropa de color negro que destaca unas formas excesivas. Deliciosamente excesivas. Aun así, no era una visión explícita. Rezuma sensualidad en cada gesto, ese aura que sólo encuentro en la mujer mediterranea. Una auténtica come-hombres, sí. Una devoradora que anuncia en cada poro de su piel el deseo que despierta en todo aquel que la ve.
Y ese prodigio de la naturaleza viene a hasta mi para ser sometida. Su mente anhela experimentar el mismo efecto que su cuerpo produce en los que la miran, ya sean hombre o mujer. La sensación de rendición incondicional que embarga a todo aquel que desee experimentar los placeres que esa esplendorosamente dispuesta estructura de piel y músculos anuncia.
Me ve sentado, tras el biombo, e intuye que soy yo. Se acerca, y percibo que toda esa seguridad que mostraba un segundo antes se ha desvanecido. Ya está por fin ante mi, y como supuse, no aguanta ni dos segundos la mirada. Rie nerviosa, se quita el abrigo, que libera toda su desbordante femineidad, y se sienta en el lugar que le ofrezco.
La conversación arranca sin fluidez. El juego de miradas lo abarca todo. La tenso, la libero; se enerva y relaja a intervalos regulares, y va teniendo un anticipo de lo que le espera. Por mi parte, me exijo toda mi capacidad de dominio para no sucumbir ante tales encantos. Una lucha excitante que sin embargo no debo dejar que se asome a mis ojos. A duras penas lo consigo, y siento como poco a poco va cediendo a mis acometidas, como su mente reconoce a la mía, y encuentra ese lugar conocido tras tantas y tantas charlas en el que se siente cómoda y protegida.
Más tranquila, recupera cierta presencia y trata de sacar sus armas. Le pregunto por las órdenes que tenía encomendadas. Para mi sorpresa, me anuncia que no viene como debiera. En ese instante, le hago poner de pie, apoyando la manos en la mesa y, con el cuerpo inclinado hacia adelante, le obligo a separar las piernas para verificar sus palabras. Lo hace mientras se preocupa por el hombre de la mesa de enfrente, que podría intuir perfectamente lo que está ocurriendo. Paso la mano entre sus muslos, noto su entrepiena húmeda, y la ausencia del plug en su entrada trasera.
Le doy dos azotes, y le digo que se siente. Muy lentamente, le explico que ha cometido una falta grave, y que habré de castigarla por ello. Agacha la mirada, y aunque trata de desafiarme con sus palabras, la obligo a plegarse a mis exigencias. Mientras acaricio su pecho, noto que baja la mirada, de nuevo, con una timidez impropia en un tipo de mujer como el tengo delante. Veo mi mano aprentando con firmeza mientras fija sus ojos en la mesa, entre pequeñas exclamaciones de sorpresa, y algo más. En ese instante, por fin, se encuentran los dos extremos que tanto tiempo se han deseado tocar.
Sí, indudablemente, es el maravilloso preludio de una jornada muy especial.
sábado, 18 de diciembre de 2010
viernes, 17 de diciembre de 2010
Se que esto tiene un nombre
Se que esto tiene un nombre. No me preocupa cómo se llama. Puede que haya una docena de palabras adecuadas para denominarlo, recibiendo un matiz de cada una de ellas. Es una niebla fría y densa que no deja un poro de la piel sin humedecer. Como la niebla real, cala hasta los huesos, y penetra inexorablemente, por cada hueco, cada resquicio, encogiendo todo lo que encuentra a su paso.
Como la niebla espectral, que se asocia incoscientemente al Londres de hace dos siglos, ocultando a Jack el destripador, a los contrincantes de Mr Holmes; a esa mezcla tan flemática del esplendor y la miseria de un imperio. Una fauna uniformada en una callada noche gris, donde el silencio se hace jirones a las puertas de las tabernas donde Dorian Gray acudía a saborear la hez insana del mal con su máscara de radiante e incorrupta belleza. Esa oscuridad que alentaba a las almas serenas a expiar una vida ordenada en brazos del Mr Hyde oculto en ellas. Un contrapunto brutal, el contraste entre la bondad de la máscara y la pervesidad que anida puertas adentro. Tan adentro que muchos sólo viven el teatro de una realidad fingida, ignorando, consciente o involuntariamente, el ominoso sueño que aguarda la chispa que prenda el incendio que abrasará eternamente el resto de su existencia.
Si, todo esto tiene un nombre. Me da igual cual es. Existe. Cada mañana veo en el espejo sus huellas en el fondo de mi mirada.En la retina guardo el cuadro que recoge todos los cambios que experimento, y que mi fisnomía, a duras penas, aún consigue ocultar. Siento que cada vez hay más gestos que me delatan, que Jekyll y Hyde no son dos caras de una misma moneda, y que existen infintos hilos que tienden puentes cada vez más evidentes entre dos mundos que pretendía mantener estancos.
Ahora que quisiera poder nombrarlo, reconozco con temor,con miedo lo que está pasando.Ignoré todos los avisos,y ahora mi mente empieza a decirme a través de mi cuerpo que no debo seguir así. Se que he de parar. Cada vez que siento la opresión, el ansia, la laxitud, se que no puedo retrasarlo más. Sí, he de pararlo. Pero ¿cómo? Si ni tan siquiera se su nombre
Como la niebla espectral, que se asocia incoscientemente al Londres de hace dos siglos, ocultando a Jack el destripador, a los contrincantes de Mr Holmes; a esa mezcla tan flemática del esplendor y la miseria de un imperio. Una fauna uniformada en una callada noche gris, donde el silencio se hace jirones a las puertas de las tabernas donde Dorian Gray acudía a saborear la hez insana del mal con su máscara de radiante e incorrupta belleza. Esa oscuridad que alentaba a las almas serenas a expiar una vida ordenada en brazos del Mr Hyde oculto en ellas. Un contrapunto brutal, el contraste entre la bondad de la máscara y la pervesidad que anida puertas adentro. Tan adentro que muchos sólo viven el teatro de una realidad fingida, ignorando, consciente o involuntariamente, el ominoso sueño que aguarda la chispa que prenda el incendio que abrasará eternamente el resto de su existencia.
Si, todo esto tiene un nombre. Me da igual cual es. Existe. Cada mañana veo en el espejo sus huellas en el fondo de mi mirada.En la retina guardo el cuadro que recoge todos los cambios que experimento, y que mi fisnomía, a duras penas, aún consigue ocultar. Siento que cada vez hay más gestos que me delatan, que Jekyll y Hyde no son dos caras de una misma moneda, y que existen infintos hilos que tienden puentes cada vez más evidentes entre dos mundos que pretendía mantener estancos.
Ahora que quisiera poder nombrarlo, reconozco con temor,con miedo lo que está pasando.Ignoré todos los avisos,y ahora mi mente empieza a decirme a través de mi cuerpo que no debo seguir así. Se que he de parar. Cada vez que siento la opresión, el ansia, la laxitud, se que no puedo retrasarlo más. Sí, he de pararlo. Pero ¿cómo? Si ni tan siquiera se su nombre
sábado, 11 de diciembre de 2010
De vuelta
De vuelta a la senda dulce
con trasfondo ácido,
de ribetes descarados
y amarga permanencia
al estado reconocible
que la vista espera
ese que el ojo experto
disecciona, y deja fuera
un fondo altivo
sin apenas grandeza, sin sustancia,
un vahido
es todo pereza,
incapacidad sin sentido;
una muerte que apenas comienza
viernes, 19 de noviembre de 2010
La Plaza (parte de la 4ª etapa)
Esta entrada vio la luz en el sitio incorrecto, en un momento equivocado. Es antigua. Pero la pretensión de Mr_Al entonces, de no ser explícito, le hizo no publicarla en el lugar apropiado. Hoy por fin aparece donde siempre debió estar, aunque corresponde a abril de 2010. Sin los detalles superfluos que entonces la adornaban
Flashback, y la mente atrás. Hacia una noche. La primera noche. La recogí a la salida de su trabajo. Viene corriendo, acalorada, sin arreglar....hay una disculpa en la mirada y algo más. Subimos al coche y vamos sin prisa hacia el hotel, comentando asuntos casuales. Aunque ya nos conocemos bien, hay un aura de ocasión especial que impregna las palabras, las miradas y los gestos. Llegamos y subimos a la habitación. No es un sitio cualquiera; un entorno singular, una arquitectura diferente y una decoración cuidada. Recorre todos los rincones de las estancias y se para ante una mesa baja y ancha que me hace sonreir mientras mi mano acaricia su espalda. Ella pasa la vista por encima de los instrumentos dispuestos encima del aparador. Todo listo para hacer uso de ello según demande la situación, al dictado de mi imaginación. Noto como le recorre un escalofrío al posar la mirada en algunos objetos, mientras otros hacen brillar sus ojos...pero no dice nada. Toma su bolsa en las manos y con un mohín, entre coqueto y zalamero, me pide permiso para arreglarse. Concedido. Conozco su impecable buen gusto y se que merecerá la pena. Pasan los minutos, lentos, silenciosos; no es una espera tensa, antes bien, tiene la virtud de relajar atmósfera, y hacer que se cree una complicidad aún mayor. Por fin aparece. Lista para su Señor. Mirada baja y cuerpo desafiante y orgulloso. Siente mi sorpresa; esta tierna y perversamente bella. Una colegiala elegante y barroca, a quien nada le sobra y nada le falta. El interior se anuncia irresistible, pues se que estará a juego con lo que muestra. He de hacer uso de esa paciencia que ahora tanto me falta y resisto la tentación de siquiera mirar debajo, reservando ese placer para un momento posterior. Con un ademán, le señalo las bolas y le insto a que se las ponga. Lo hace sin titubear. Parecen entrar sin gran esfuerzo. Paso mi mano para asegurar que estén adecuadamente alojadas, al tiempo que compruebo su calor y humedad. La prenda que las tapa es tan suave como la piel que cubre. No levanta la vista en ningún momento. Y salimos a cenar.
Estamos en una ciudad de provincias, centro peatonal, día laborable, ya noche cerrada, pero hay cierta animación. Paseamos a buena marcha (pretendo que note todo lo posible el juguete que lleva en su interior), mientras tomo nota de los lugares que ofrece el recorrido, buscando el sitio ideal para el acto previo que tendrá lugar a la vuelta. Llegamos por fin al sitio escogido, un lugar ambientado y concurrido. Está allí la recepcionista que nos atendió en el hotel, quien nos mira con curiosidad. Subimos y bajamos escaleras para llegar la mesa y sonrío otra vez al notar el efecto de la bolas por los gestos de su cara. Le ofrezco sentarse y lo hace de golpe. El gritito que dio, junto con mi suave carcajada, se escuchó en todo el local. Disfrutamos de la situación toda la cena, y volvimos al hotel. De nuevo subir y bajar escaleras, y nuevos gestos. Y llegamos a la plaza que a la ida había seleccionado como el lugar ideal. Amplia, despejada, relativamente tranquila, pero con un goteo constante de paseantes. Me detengo y le pregunto por las bolas. Dice que ya le resultan incómodas, a pesar del placer que le provocan. Sigue pasando gente. Es su ciudad. Y le digo, allí mismo, en el centro de la plaza, que puede quitárselas. Me mira, sorprendida. En un instante, la sorpresa se torna en lujuria y desafío. Lentamente, abre sus piernas, levanta la falda, aparta la ropa interior y sin dejar de mirarme a los ojos, se saca las bolas. Me pregunta que hace con ellas. Le hago saber que si ha de guardarlas, primero debe limpiarlas adecuadamente. No necesita oír más y las lleva a su boca. Calmada y voluptuosamente. Se toma su tiempo con ellas, mientras por la plaza pasa alguien de vez en cuando. Una vez limpias, me pregunta con la mirada cual es el siguiente paso.. Asimismo, con un leve gesto con la cabeza, le hago saber que sitio mejor que donde las llevaba no hay. Y de nuevo, con parsimonia y cierta solemnidad, las devuelve al lugar en que llegaron a la plaza. Compruebo de nuevo que están bien colocadas y llegamos hasta el hotel. Al subir a la habitación, vuelve a pasar la vista por el aparador junto a la mesa. Dejo la habitación en penumbra y le hago apoyar las manos sobre el respaldo de una silla, con el tronco inclinado hacia delante. Le hago notar que acepto su desafío de la plaza. El escalofrío de antes ha dejado paso al deseo y la excitación.... comienza la primera noche.....
Estamos en una ciudad de provincias, centro peatonal, día laborable, ya noche cerrada, pero hay cierta animación. Paseamos a buena marcha (pretendo que note todo lo posible el juguete que lleva en su interior), mientras tomo nota de los lugares que ofrece el recorrido, buscando el sitio ideal para el acto previo que tendrá lugar a la vuelta. Llegamos por fin al sitio escogido, un lugar ambientado y concurrido. Está allí la recepcionista que nos atendió en el hotel, quien nos mira con curiosidad. Subimos y bajamos escaleras para llegar la mesa y sonrío otra vez al notar el efecto de la bolas por los gestos de su cara. Le ofrezco sentarse y lo hace de golpe. El gritito que dio, junto con mi suave carcajada, se escuchó en todo el local. Disfrutamos de la situación toda la cena, y volvimos al hotel. De nuevo subir y bajar escaleras, y nuevos gestos. Y llegamos a la plaza que a la ida había seleccionado como el lugar ideal. Amplia, despejada, relativamente tranquila, pero con un goteo constante de paseantes. Me detengo y le pregunto por las bolas. Dice que ya le resultan incómodas, a pesar del placer que le provocan. Sigue pasando gente. Es su ciudad. Y le digo, allí mismo, en el centro de la plaza, que puede quitárselas. Me mira, sorprendida. En un instante, la sorpresa se torna en lujuria y desafío. Lentamente, abre sus piernas, levanta la falda, aparta la ropa interior y sin dejar de mirarme a los ojos, se saca las bolas. Me pregunta que hace con ellas. Le hago saber que si ha de guardarlas, primero debe limpiarlas adecuadamente. No necesita oír más y las lleva a su boca. Calmada y voluptuosamente. Se toma su tiempo con ellas, mientras por la plaza pasa alguien de vez en cuando. Una vez limpias, me pregunta con la mirada cual es el siguiente paso.. Asimismo, con un leve gesto con la cabeza, le hago saber que sitio mejor que donde las llevaba no hay. Y de nuevo, con parsimonia y cierta solemnidad, las devuelve al lugar en que llegaron a la plaza. Compruebo de nuevo que están bien colocadas y llegamos hasta el hotel. Al subir a la habitación, vuelve a pasar la vista por el aparador junto a la mesa. Dejo la habitación en penumbra y le hago apoyar las manos sobre el respaldo de una silla, con el tronco inclinado hacia delante. Le hago notar que acepto su desafío de la plaza. El escalofrío de antes ha dejado paso al deseo y la excitación.... comienza la primera noche.....
jueves, 18 de noviembre de 2010
Sin descanso
Será la falta de sueño. Esta noche el descanso no quiso envolverme, y ya desde antes de incorporame iba arrastrando los pies. Si, es el cansancio, seguro. No tiene otra explicación. No, no puede haberse agotado todo ese torrente de energía en un suspiro. La lucidez no se va en los vuelos de una ráfaga de viento. La mirada acerada y precisa no se desafila por tener que pasar infinitas veces entre las pestañas.
Sí, sin duda es el cansacio. Pero he vuelto a poner a Bil Evans durante todo el día. Me rodeo con esa suavidad que suena a derrota, a dulce derrota.Y me invade la sensación de que el destino si existe, y todos tenemos uno.....y no podemos hacer nada para huir de el. No.No es cierto. No es debilidad. Tan sólo, que estoy cansado. Pero ¿por qué esa música activa los mismos circuitos que quiero desconectar en los breves foganazos de consciencia? No se, es más cómodo dejarse llevar. Dejar de hacer. Sí, claro que sí. Es que estoy cansado. ¿Cómo no me di cuenta antes?
Cansado, sí, pero ¿de qué?
Polka dots
Estoy tirado en el sillón, y me baña la luna con sus rayos...siento el polvo de la presencia que se fue, y siempre estará.
Mañana, si consigo dormir, todo lo que pasó por mi mente me parecerá irreal. Pero eso será mañana.
Sí, sin duda es el cansacio. Pero he vuelto a poner a Bil Evans durante todo el día. Me rodeo con esa suavidad que suena a derrota, a dulce derrota.Y me invade la sensación de que el destino si existe, y todos tenemos uno.....y no podemos hacer nada para huir de el. No.No es cierto. No es debilidad. Tan sólo, que estoy cansado. Pero ¿por qué esa música activa los mismos circuitos que quiero desconectar en los breves foganazos de consciencia? No se, es más cómodo dejarse llevar. Dejar de hacer. Sí, claro que sí. Es que estoy cansado. ¿Cómo no me di cuenta antes?
Cansado, sí, pero ¿de qué?
Polka dots
Estoy tirado en el sillón, y me baña la luna con sus rayos...siento el polvo de la presencia que se fue, y siempre estará.
Mañana, si consigo dormir, todo lo que pasó por mi mente me parecerá irreal. Pero eso será mañana.
miércoles, 20 de octubre de 2010
El toreo de muse
Una charla cargando la suerte. En cinco minutos y sobre una baldosa. Una bonita faena, sin duda
muse(19:17):
diote un
síncope? ? ? jajajjaa
MrAl (19:17):
no
MrAl (19:17):
estab viendo que no tienes ni idea
de toros
muse(19:17):
Amo
Matadorrrrrr!!!!
muse(19:17):
Pues no y no
me importa no tenerla
MrAl (19:18):
eso de consentir, , obligar,
observar, cargar la suerte
MrAl (19:18):
sacar de los terrenos de querencia,
MrAl (19:18):
te suena a chino
MrAl (19:18):
y al someter, se hace lo mismo
muse(19:18): uyuyuyuyuyuy... ..cuanto sabes
muse(19:18):
ahora vengo
MrAl (19:18):
jajaja
MrAl (19:18):
vale, masna pregoná
MrAl (19:19):
mansa pregoná
muse(19:19):
ein? ? ? ?
MrAl (19:20):
búscalo en el Cossío
muse(19:20):
bueno, pues
explíqueme usté en qué consiste cada concepto
muse(19:20):
aplicado al
BDSM
MrAl (19:20):
aunque la tauramaquia de Pepe Hillo
tampoco te venrá mal, jajaja
muse(19:20):
JA- Ja- Já
MrAl (19:20):
observar el comportamiento de la res
muse(19:20):
me abuuuuu-
rrooooooooo
MrAl (19:21):
analizar sus querencias
MrAl (19:21):
consentirle al principio para tentar
su caracter
muse(19:21):
ahhh
MrAl (19:21):
obligarle
MrAl (19:21):
cada vez
MrAl (19:21):
a pasar por donde quiere el matador
MrAl (19:21):
sacarle de su querencia, donde se
siente comoda
muse(19:21):
me estás
excitando, que lo sepas
MrAl (19:21):
llevarla a terreno sin abrigo
MrAl (19:21):
sin referencias
MrAl (19:22):
y que ese señor vestido de luces,
sea su único universo
MrAl (19:22):
excitar su codicia
MrAl (19:22):
y cargando la suerte
MrAl (19:22):
obligarle a pasar por donde el
matador quiere
MrAl (19:22):
pleno de domino, torería y poder
MrAl (19:22):
sin brusquedad
muse(19:22):
Olé!
MrAl (19:23):
con temple y mando
MrAl (19:23):
¿te suena?
muse(19:23):
qué poeta
estás hecho
muse(19:23):
pues sí, me
suena todo
muse(19:23):
porque lo
estoy viviendo en mi persona
MrAl (19:23):
así es
MrAl (19:24):
y toda res brava, acaba entregada
ante un matador que domina
MrAl (19:24):
entregada,
muse(19:24):
recuerdo cdo
me dijiste que todavía no me he sentido humillada porque de momento hago las
cosas que yo quiero hacer
MrAl (19:24):
pero entera
MrAl (19:24):
ya humillarás
MrAl (19:25):
ya te bajará la mano, y arrastrarás
el hocico por la arena, siguiendo el engaño
MrAl (19:25):
;)
muse(19:25):
me das miedo
muse(19:25):
cuando me
hablas así
muse(19:25):
bueno, tú no
MrAl (19:25):
¿te asusto?
muse(19:25):
sí
MrAl (19:25):
¿has visto que obediente puedo
llegar a ser?
MrAl (19:26):
:P
muse(19:26): tonto!
muse(19:26): :P
MrAl (19:26):
ha sido una bonita faena
MrAl (19:26):
te he excitado y te he encogido el
alma a la vez
MrAl (19:26):
saldré por la puerta grande
MrAl (19:26):
ah
MrAl (19:26):
y con arte,
MrAl (19:26):
como un poeta
muse(19:26):
síiiiiiiiii,
pesado vanidoso!
muse(19:26):
lo reconozco
muse(19:27):
que te den
las dos orejas y el rabo
muse(19:27):
BRAVO!!!!! D
MrAl (19:28):
bah, no me gusta tocar pelo
MrAl (19:28):
hala, ya puedes respirar
MrAl (19:28):
y compontne, que ya te vas
MrAl (19:28):
componte
muse(19:31):
un beso
muse(19:31):
y gracias por
la lección
muse(19:31):
:)
MrAl (19:32):
un beso
MrAl (19:32):
ciao
muse(19:32):
ciao
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Escribo estas líneas
Escribo estas líneas
cuando poco más queda por hacer
La razón no todo lo alcanza,
cuando querer es morir, no poder
El pasado no trae el presente
mas sus destellos
condicionan el deseo
Puedo seguir moldeando un destino
aún a pesar de que el sentido me dice
...que no tendrá sentido
Forzar las sensaciones traerá dolor,
parar es el principio del final
y la tristeza y la melancolia volverán
No es ese dolor que complice
toma al placer en sus brazos
y lo lleva a las puertas del éxtasis
Es un dolor sordo y cobarde,
se cuela por las rendijas
y corrompe, y quiebra, y marchita
En el fondo de la mirada
ambos nos reconocimos diferentes
y vimos la voluntad
y sentimos el vacío del deseo
Mas queda un rayo de luz,
pues nada esta escrito
para ninguno de los dos
y aquel que dominó
podrá volver a encontrar el modo
y aquella que se entrega
una en su seno querer y deseo
cuando poco más queda por hacer
La razón no todo lo alcanza,
cuando querer es morir, no poder
El pasado no trae el presente
mas sus destellos
condicionan el deseo
Puedo seguir moldeando un destino
aún a pesar de que el sentido me dice
...que no tendrá sentido
Forzar las sensaciones traerá dolor,
parar es el principio del final
y la tristeza y la melancolia volverán
No es ese dolor que complice
toma al placer en sus brazos
y lo lleva a las puertas del éxtasis
Es un dolor sordo y cobarde,
se cuela por las rendijas
y corrompe, y quiebra, y marchita
En el fondo de la mirada
ambos nos reconocimos diferentes
y vimos la voluntad
y sentimos el vacío del deseo
Mas queda un rayo de luz,
pues nada esta escrito
para ninguno de los dos
y aquel que dominó
podrá volver a encontrar el modo
y aquella que se entrega
una en su seno querer y deseo
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